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viernes, 23 de enero de 2015

"De señorito a señor" (116)



No se olvidó del encargo que debía realizar en Santander. Una tarde, al terminar la visita, considerando que podía dejarla al cuidado de su esposa en caso de ser preciso, se marchó hasta el Sardinero. Pudo contactar con uno de los empleados que continuaba trabajando en la mansión descrita por Dionisio donde vivía Ruth. En una taberna de las proximidades, le indicaron que quien estaba sentado en una esquina de la barra mientras degustaba un chiquito de vino, continuaba siendo empleado del palacio. No le resultó difícil invitarlo a beber con él de una botella de Vega-Sicilia que pidió llevasen a una mesa situada en las proximidades donde estaba sentada la persona que buscaba. El empleado del palacio, conocedor de la marca del vino y acostumbrado a servir y no probarlo de tanta calidad, rara vez sacaban a la mesa en el comedor del palacio de este vino y, como nadie le invitó nunca a un chiquito de una botella con ese renombre y precio…, pensó que algo buscaría, pero no se resistió a la tentadora propuesta; aceptó, pese a partir de un desconocido y se fue a sentar al lado de Goyo, quien tras presentarse y bromear un poco con él, no tardó en poner encima de la mesa sus propósitos, diciéndole que un amigo de una inglesa que hace años vivía en el palacio, intentaba conocer su paradero. Deseaba saber dónde residía en la actualidad para poder entregarle una carta y concertar una entrevista para dársela junto con un presente. Al escuchar la palabra inglesa, el empleado, como por arte de magia, parece que despertó del letargo con que escuchaba sus palabras hasta entonces. Su semblante parece que se alegró y para sorpresa de Goyo, sin mediar otra palabra exclamó:

- ¡Que caliente era la tía! ¡Qué buena estaba!…

Quedó perplejo tras la respuesta recibida. Continuó escuchando: 

- Estando al servicio de Raimundo en aquel palacio donde continúo trabajando para su sobrino… 

Paró su relato para señalarle con el dedo el palacio por la ventana, para posteriormente apurar un último trago del vaso del vino que había estado bebiendo. Pretendieron servirles el vino de la botella de marca en vasos similares pero que el invitado no lo permitió, ya que pidió al tabernero que les llevase nuevos vasos para que no se mezclara con restos del que consumía anteriormente en un vaso más pequeño que semivacío continuaba también encima de la mesa. Añadió:

- Llegó a arrimarse con este banquero porque vivía con un tipo que estaba todo el día enfilado y que ya no la atendía. Le ponía los cuernos con los que pensaba tenían buena cartera, nunca lo hacía con nadie que sospechara tuviese poco dinero. Utilizando tal criterio para seleccionar a sus amantes, se tropezó con este buen hombre, seguía soltero, y no dudó en ir con él, pese a que le doblaba en edad. La cartera siempre fue la cartera…

Aproximó de nuevo la mano al vaso y tomó otro buen trago de vino, observó después  cómo Goyo se lo volvía a rellenar; y antes de continuar hablando dejó transcurrir cierto tiempo mientras pasaba con reiteración la lengua por los labios como relamiéndolos. Se le notaba cada vez más contento por la alegría adicional que aportaba la ingesta de aquel renombrado vino y la intensidad con que vivía el relato:
Continuará...
 
Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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