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viernes, 30 de enero de 2015

"De señorito a señor" (117)


- Con lo que le daba el banquero, si es que le daba algo, no tenía suficiente y no dudaba en ponerle los cuernos sin salir del palacio, ¡con nosotros!, los empleados… 

Hizo una nueva parada, no para refrescar los labios, sino para volver a catar a fondo las bondades del caldo, tomarse un respiro y continuar hablando. Parecía que no arrancaba…, pero el motivo lo requería, ya que le iba a realizar una confesión, que sin la ingesta de vino, posiblemente no hubiese hecho a un desconocido: 

- ¡Que buenos polvos la eché! Nos traía a todos locos. Nos escogía, yo creo que al azar, al que encontraba de los dos empleados que trabajábamos de noche en el palacio. Uno podía quedarse durmiendo, el otro de guardia por si hacía falta. Cuando a la inglesa le entraban ganas de música  a altas horas de la madrugada, regresaban tarde del Casino, en cuanto podía dejar al banquero se presentaba en nuestro cuarto… Creo que yo era su favorito.

Nueva parada en el relato para ratificar de nuevo las bondades del vino que contenía el vaso; en la botella sólo quedaban dos dedos. Continuó:

- Lo bueno siempre se acaba pronto, y este rollo como lo estaba siendo, pues también. Ninguno de nosotros confesaba a su compañero lo de las noches con la inglesa. Estábamos los dos con ganas de que llegase la que nos tocaba trabajar de guardia, pero acostados, por si éramos agraciados con su visita y la noche que no ocurría la echábamos de menos…

El antiguo querido, el que andaba enfilado todas las noches y perdía hasta la camisa en el juego, se volvió un día loco, empezó a liarse a navajazos y puñaladas con sus compañeros de juego y mató a seis.   

Uno de ellos, un querido de la que tú buscas, apareció acuchillado en el despacho que disponía en el Casino y por tal motivo fue despedida al conocerse que su primer querido, al que sin llegar a juzgarle todos los periódicos nombraron como sospechoso de los asesinatos, a pesar de que los crímenes quedaron sin resolver al no encontrar al homicida, desaparecido sin dejar rastro. Creo que se llamaba Dionisio. Se comenta que se suicidó, pero nunca apareció su cadáver.  

Este final ya se lo conocía de carretilla el de Santoña. Mientras le rellenaba el vaso con lo poco que quedaba en la botella, Goyo estaba pensando que, pese a los novedosos detalles de todo lo escuchado no le había desvelado el paradero actual de la inglesa. Afortunadamente prosiguió: 

- Por aquellas fechas vino el Rey a pasar el verano en el Palacio de la Magdalena y celebraban muchas fiestas. Ella, desde siempre no perdía ninguna, pero ya no asistía a las que se organizaban en el Casino. En una de estas fiestas, coincidiendo con la estancia de ilustres invitados con buena cartera, se lió con uno, que tenía fama de mujeriego y abandonó al banquero, que no opuso mucha resistencia ni pasó mal rato por ello, pues yo pienso que en algún momento tuvo que sospechar de ella, al despertarse por la noche como todos los humanos, y no encontrarla a su lado. Se marchó a Madrid y supongo que continuará por allá; pues eso sí, las “perras”, aquí...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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