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jueves, 12 de febrero de 2015

"De señorito a señor" (120)



Sin transcurrir cuarenta y ocho horas desde que conocieron el lugar donde podían encontrar a la inglesa, les pasaron una nota firmada por el director del hotel anunciando que un secretario del ministerio de Fomento acompañaría a la Sra. Clews para conocerles y llegarían a las cinco de la tarde. También incluía la nota el nombre del salón particular que el hotel ponía a su disposición para recibir a tan ilustres visitantes.

La desilusión que llevó Ruth fue mayúscula cuando al entrar en el pequeño salón alfombrado y con muebles relucientes donde se reflejaban los destellos de los cristales de la impresionante lámpara que colgaba del techo, encontró al matrimonio en vez de su antiguo querido. Casi retrocede y vuelve sobre sus pasos, pero el recuerdo de quien ocupó en su tiempo un lugar importante en su corazón pudo más. Tras los saludos protocolarios se sentó. Transcurrido un tiempo prudencial tras un breve intercambio de comentarios referentes a la climatología de Santoña donde llovía y hacía frío cuando salieron que contrastaba con el calor que encontraron en Madrid a su llegada; la elegancia del hotel, el trato del personal, los camareros; y que estaban de paso en su luna de miel…, el subsecretario y Ojos Verdes se ausentaron con la disculpa de tomar un refrigerio mientras resolvían sus asuntos. Quedaron sentados los dos frente a frente, uno a cada lado de la mesa.

Goyo, como siempre hacía, no se anduvo con rodeos. Le fue poniendo al corriente del encargo que traía de Dionisio, a quien presentó como una de las personas con más poder y recursos en México, con las mayores fábricas de conservas del país, propietario de importantísimas minas y fundiciones de plata, con importantes yacimientos y negocios relacionados con el petróleo, dueño de uno de los bancos más grandes del país y; sobre todo, la mejor persona que conocía en el mundo. En este último punto ambos coincidían pese a conocer todo lo sucedido años atrás en Santander. La inglesa se limitó a escuchar; eso sí, muy intrigada y sobre todo sorprendida. Todos estos detalles y el sentimiento con que se expresó su interlocutor ponían de manifiesto ser una persona muy próxima a él y por tanto, a partir de ese momento, le ofreció más confianza. 

Continuó hablando:

- Desde hace tiempo anda buscando a una persona, no la encuentra, y Vd. es la única que le puede ayudar a localizarla. Gracias a la ayuda y al dinero de dicha persona, fue capaz de montar el imperio que ahora tiene a su servicio. Me pide que no escatime ni gastos, ni nada, para tratar de localizarla. 

En ese momento deja escapar una lágrima que consiguió atrapar impidiendo disimuladamente con la mano que descendiera por la mejilla. Siguió escuchando: 

- Se sentiría orgulloso de poder recibirla en México, pues él tiene hecha promesa de no volver a España nunca. En estos momentos está buscando a esa persona y a un ingeniero que le construya un gran puerto.
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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