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miércoles, 18 de febrero de 2015

"De señorito a señor" (123)



El ministro llegó en coche oficial acompañando a Ruth y los cuatro ocuparon un privilegiado palco. Al terminar la función, ya en la calle, se despidieron con la disculpa de tener que tomar el tren temprano para viajar hasta Vigo, con el fin de poder embarcar en el primer vapor que zarpara hacia América. La inglesa volvió a pedirle que le diera las gracias a su amigo, mientras se despedía extendiéndole la mano donde ya lucía la sortija con el pedrusco.    

Antes de abandonar el hotel, pudo enviar un escueto telegrama a La Aldea que decía:

“MISIÓN CUMPLIDA. GOYO”.

Permanecieron en la ciudad gallega dos días, los necesarios hasta que pudieron adquirir los dos pasajes de la suite y viajar en el trasatlántico que zarpó hacia el continente americano. Tenía por destino el puerto de La Habana. Cuando llegaron al puerto de la capital cubana, tomaron otro que les llevaría hasta Veracruz. La travesía, en todo momento tranquila les resultó, esta vez sí, una prolongación del viaje de novios. Fueron felices. 

El montañés esperaba ilusionado por conocer los detalles de la entrevista, lo acontecido y el resultado… pero debía esperar a que regresasen. Ambos quedaron tocados en su interior, ya que no habría reencuentro. Ella se centró en sus actividades como falangista y él en buscar herederos a su fortuna. Se prometió a sí mismo que debería intentarlo de nuevo. ¿Cuándo? 

Una de las peores cosas que llevaba Ruth estando en Madrid siempre fue el sofocante calor estival. Casi todos los veranos solía pasarlo en una casa en la sierra madrileña, pero tras la guerra todos los edificios estaban derruidos e inservibles. Recordaba a partir de mayo el clima de Santander tan parecida a su campiña inglesa, cuando en numerosas ocasiones en pleno verano, debía de echar un cobertor a la cama para no pasar frío por la noche. La lluvia, el verde paisaje y la brisa marina la hacían recordar más su niñez en Inglaterra que el tórrido sol del estío en la capital de España. Aquel año, con la disculpa de estar cerca de los campamentos para los huérfanos de guerra, construidos a ambos lados de la cornisa Cantábrica, montó su cuartel general en un hotel de Navia. En este precioso pueblo costero, a orillas de una pintoresca ría, fue donde los romanos construyeron un puerto para embarcar el oro que miles de obreros extraían en las minas y en los placeres de la cuenca del río Navia y sus afluentes, para embarcarlo y llevarlo hasta alta mar en naves de mayor calado, para  terminar en Roma. 

La vida social, muy reducida, en comparación con los ambientes en que la inglesa se movía por Madrid, giraba entorno a las actividades del Casino o del Liceo que estaban situados en la misma carretera general hacia Galicia. Sin embargo, inicialmente tenía para ella un aliciente especial, ya que aquí asistía gente relativamente joven, en contraposición con los vejestorios que frecuentaban sus ambientes madrileños. 
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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