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jueves, 26 de febrero de 2015

"De señorito a señor" (127)


... menos, como estás tu ahora, se refería a mí en tono irónico; procuraban que ni el más mínimo rayo de sol impactara sobre su piel. Grandes sombreros, manguitos, ropa larga y oscura…, se tapaban con todo lo que pudiese estar a su alcance para conseguir parecerse a la señorita del pueblo, que para no coger color, sólo paseaba  sin paraguas por la aldea los días en que no relucía el astro rey o casi a la puesta del sol.

Había una excepción: Rosa, una hermosa joven de pelo negro, que en contraste con otras chicas de su edad, estaba siempre muy bronceada, ayudaba habitualmente a sus padres en las labores del campo y no se molestaba en protegerse de los rayos solares porque su piel se tostara, salvo colocarse un sombrero. Igual iba al molino, que se ponía a sallar y abonar el huerto…, a pesar de que su familia, era antaño de abolengo. Como trabajaba mucho y tenía muy buen apetito, estaba fuerte, en contraste con las delgaduchas muchachas de su edad. La esbeltez de su figura iba acompañada de una hermosura innata, conocida y renombrada por toda la comarca. Cuando llegó a ser mujer, los mozos peleaban por acompañarla. No era para menos, pero ninguno despertó nunca su especial atención.

Aprovechaba el alba para pasar desapercibida e ir a cuidar la higiene de su cuerpo en la Fuente de la Reina, situada a orillas de un arroyo cristalino en las proximidades de La Casoa donde vivía. Desde niña lo hacía así. Nadie turbó nunca su baño y soledad; o al menos, sin ser consciente de haber sido vista o vigilada.

Mi abuela hizo un inciso en el relato y comentó: “Eso pensaba ella, pero no estoy convencida de tal argumento. Me parece mucha casualidad que fuese el elegido el señorito Antonio, abogado, fiscal de Justicia y político. Mi versión es otra diferente de la que circula por ahí en ese punto“.

A oídos de este señorito llegó la hermosura de la dama, estaba en edad casadera y no encontró a nadie que calmara su ardiente corazón hasta esa fecha, a pesar de los muchos que lo intentaban. Por tener curiosidad en conocerla, dados los rumores que circulaban sobre la moza, empezó a investigar. A pesar de haberse cruzado con ella en alguna ocasión, cuando iba o venía del molino llevando del ramal a su burra cargada con sacos, no la reconocía. Su interés iba en aumento según sus investigaciones avanzaban, hasta tal punto que ya turbaba sus sueños.

Coincidió en una taberna con un vecino suyo, ya mayor, quien, a cambio de unos vasos de vino, sigilosamente le contó que desde bien pequeña conocía que iba casi todos los días a bañarse entre noche y día en la Fuente de la Reina. Entonces pasó por su mente la pregunta obligada. ¿Lo seguiría haciendo?

De esta forma fue como se enteró del secreto. Con la excusa de la caza, que yo no me creo: nunca he visto a un cazador de sordas sin perros y éste iba siempre sin ellos a merodear por los alrededores. De esta forma, al acecho y sin meter ruido, pudo verla. Al desnudarse ante sus ojos en un amanecer de septiembre, contempló sus pechos erguidos y su cuerpo escultural a escasos metros de donde estaba tumbado y escondido. Una vez más la realidad superaba a la ficción. Quedó prendado al instante y la convirtió en la valkiria permanente de sus sentimientos que continuaban, como confesó, hasta en sus sueños. Todo el día pensaba reiteradamente en ella. 

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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