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viernes, 27 de febrero de 2015

"De señorito a señor" (128)


Repitió su acecho todos los días… No transcurrieron muchos cuando ya no pudo soportar estar por más tiempo contemplándola y no intentar hacerla suya, aunque, como hombre de fuertes principios religiosos, su conciencia se lo impedía sin que fuera su esposa. Su conciencia le replicaba una frase repetida por su abuela: “Hase de usar con la honesta mujer el estilo que con las reliquias: adorarlas y no tocarlas”. Trazó un plan que puso en práctica para conseguir tal fin. Rosa después de bañarse, ya vestida, siempre aclaraba los pies antes de calzarse las zapatillas. En ese momento entró en escena el galán, y es desde este momento lo que cuentan las historias…

Siendo la caza la excusa que justifica el encuentro, como dos jóvenes más, empezaron a hablar, pero tuvo que dejar de acudir a observarla a la mañana, por si le descubría. No tardó mucho tiempo en convencerla para poder pedir autorización a sus padres para iniciar el cortejo oficial. Éstos aceptaron y ella también, pues con veintidós años ya estaba en edad de merecer. Sus padres estaban preocupados porque no tenía escogido varón todavía y el mozo no parecía mal partido.

Antonio se enamoró y fue feliz, como nunca en su vida, pues a la belleza y atributos naturales de su novia por todos comentados, se añadía su encantadora forma de ser y tratar con las gentes.

Se casaron como dicen las historias el 8 de mayo de 1835 en la capilla de La Casoa. La luna de miel hizo de Antonio un hombre nuevo, amable, generoso y tierno, y de Rosa una mujer aun mas bella y encantadora. Con tanta felicidad compartida pronto esperarán el deseado fruto del cortejo.

Pero como lo bueno siempre se acaba pronto, esta historia no iba a ser una excepción. Antonio tuvo que partir hacia La Coruña donde fue destinado como Gobernador Civil y ella, quedó en la aldea cuidando de sus padres y esperando la llegada de su criatura. Llegaría en plazo previsto y fue bautizada con el nombre de Claudia María Rosa. Su madre quedó mal del parto, perdió mucha sangre y se debilitó en poco tiempo. Avisaron a su marido a La Coruña tan pronto como se percataron de la gravedad. Antonio a caballo emprendió el regreso a Seares. Los caminos reales eran malos y se cuenta que tanta prisa se dio en volver que mató a tres caballos en el viaje de tanto como los reventó en su galope.

En este punto mi abuela hizo un inciso y añadió:

- No me lo creo tampoco, porque la distancia no es tan grande como para matar a tres caballerías. Una… y gracias.

Continuó: 

- Pese a lo dicho, no vería más con vida a su amada Rosa, ya que cuando llegó a la aldea su cuerpo había tomado tierra y el sufrimiento unido a sus sentimientos no pudieron detenerle en el momento que lo supo. Cogió una pala, fue hasta el cementerio a desenterrarla, verla, abrazarla y besarla, además de quedarse con un trozo de su cabello que cortó y conservó el resto de su vida. Lloró, lloró como un desconsolado ante su cadáver, pero con las últimas fuerzas que le quedaban, la volvió a depositar en su  tumba.

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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