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jueves, 5 de marzo de 2015

"De señorito a señor" (130)




ya parece conocer mi duelo,
que no suele como antes lucir

Sola ahora y dejada de todos
en el lecho sin fin de la muerte,
ya no hay nadie que venga aquí a verte,
sino viene tu amante infeliz.

En alta noche y en triste silencio
tu ataúd solo a ti te acompaña
y la tristeza profunda me baña.
¡Ay, Searila, que muero por ti!

Cuando lo terminaba de recitar, lloraba desconsolado, con gritos mezclados con su llanto se preguntaba el porqué a ella… Estaba convencido de que sus lamentos le llegaban y los escuchaba; por ese motivo, Rosa, al alba acudía hasta la fuente cuando cada noche se lo pedía, de igual forma que hacía antes. Entonces, caminaba en la oscuridad de la noche hasta la Fuente de la Reina, cerraba los ojos y la veía. Se quedaba dormido y soñaba con su amada. Se volvió loco por amor.

Las desgracias no llegan nunca solas. Faltando un día para que su hija Claudia María Rosa  cumpliese un año, se murió.

Aquel día añadió un texto al finalizar de recitar su poesía. Lo llevaba escrito en un pliego y decía:

-Como comprenderás, te escribo al más allá y tal vez no entenderás mis garabatos. El tinto y el orujo han acabado conmigo desde la hora del almuerzo, pero siempre firme y, sobre todo, siempre fiel y constante esposo de mi esposa, te pido que te cuides, y te conserves bella para cuando yo vaya, que te ocupes también de nuestra hija que desde ayer está contigo haciéndote compañía, y en mi nombre le des un pellizco a Andreita, una nalgada a Juancho, más aparatosa a Trinita y una mordida a Pita.
¿Sabes lo que pienso de tí, Searila mía?, que eres una estrella esplendorosa cuando en el silencio de la noche umbría desciende desde el cielo vaporosa a derramar feliz sobre mi  vida los besos de tu alma candorosa. 
Por lo demás, en prudencia, deja correr las cosas, que muy pronto se hallará a tu lado tu afmo.

Antonio

*****
Desde aquel viaje a Navia surge una amistad especial entre nosotras, se fomenta en el Casino todas las tardes mientras conversamos un poco apartadas de las mesas de juego, que a ninguna de las tres nos agrada en exceso. Nos hacemos pequeñas confesiones, criticamos al que nos parece de los presentes y lo pasamos muy bien recordando lugares y gente de Noja. Conocía a Pedro, yo le conté su triste final tras perder a  Mª Antonia, su amada,  en una tarde aciaga del mes de agosto en que la mar... 
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