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jueves, 12 de marzo de 2015

"De señorito a señor" (133)


Ruth cumplió lo prometido. Cogió uno de los cuadernos donde habitualmente redactaba los informes que periódicamente enviaba a Jefatura de Falange en Madrid, y se puso a pensar en lo que debería escribir. No pudo empezar porque su mente la llevó a recordar historias pasadas y, sin darse cuenta, llegó un momento en que se superponían unas vivencias con otras. Se quedó profundamente dormida sentada en la mesa, delante del papel.

Estaba un poco cansada y aburrida del pueblo, pues si bien durante los primeros días mientras viajó a conocer los campamentos que tenía que supervisar, las nuevas amistades que frecuentaba, las praderas, el campo, la mar y la ría…, todo novedad, estuvo entretenida; pero de las nuevas amistades masculinas, sin capital que se palpara a simple vista, no resultó ninguna de su agrado. El más apuesto, yo sabía que nadie hacía sombra a mi hermano, el marido de su nueva amiga Sara por quien no tomó ninguna iniciativa para llevarle a su terreno porque, entre otras cosas, los años iban pasando y con ellos su fogosidad por los hombres fue languideciendo; por tal motivo, ansiaba volver a su ambiente en Madrid donde encontraba más nivel para ella. Al despertar y encontrarse en tal situación, sin acostarse, pues aunque le gustaba trasnochar, se extrañó un poco de haberse quedado dormida pero tras un baño y un buen desayuno, estaba de nuevo sentada delante del abandonado papel y empezó a redactar:


Navia, 28 de agosto de 1939

Querido Dionisio:
Después de la visita que hice al Hotel Ritz la pasada primavera, donde esperaba encontrarte, estuve con los dos amigos tuyos, Goyo y su esposa que lo acompañaba; por cierto, personas agradables, entrañables y muy próximas a tí por lo que intuí. En la entrevista me expusieron que tenías dos problemas importantes pendientes.
Buscaban a una dama que dejaste en Santander y no encontraste porque ya no estaba. Yo tampoco di con ella, porque su rastro lo perdí el día que te tuviste que marchar, pero he conseguido que, siempre que la ocasión lo merezca, reluzcan en el dedo de su mano el diamante y los brillantes engarzados en la sortija que pediste le entregasen tus amigos.
Me expusieron en aquella fecha que tu segunda preocupación consistía en que no encontrabas un ingeniero que te construyera un puerto. En esta ocasión quiero anunciarte que aquí en Navia tengo por amigos a un matrimonio; él es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, ella enfermera. Por motivo de la guerra, fue apartado del cuerpo de Ingenieros al que pertenecía y a pesar de su buen quehacer profesional, su trabajo siempre está en precario. Su esposa ha de seguirle allá donde surja un proyecto, pues tuvo que dejar de ejercer la profesión en el hospital donde trabajaba de enfermera. Les he prometido que les ayudaría. Si ya tuvieses ingeniero, ubícalo en otro puesto, es hombre de bien, culto y tengo entendido un profesional competente; ya que realizó trabajos en los puertos del Norte de España e importantísimas obras por toda la geografía nacional.
Mañana regreso a Madrid. 
Tuya,
Ruth 

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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