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viernes, 13 de marzo de 2015

"De señorito a señor" (134)


La sorpresa de Dionisio al recibir esta carta fue inicialmente de alegría, unido a un cierto orgullo por proceder de ella. Corría peligro que con el paso del tiempo Ruth se convirtiera en su obsesión. En esta época ninguna cosa que se proponía se le resistía, salvo volver a estar con ella. Debía intentarlo pero volvieron a surgir las mismas preguntas: ¿Cuándo? ¿Cómo? Se puso enseguida a trabajar sobre el tema sugerido del ingeniero y la enfermera. Ya tenía iniciadas gestiones para contratar un ingeniero alemán, ante la imposibilidad de encontrarlo en España, pero lo que le pedía la inglesa pasaría a ser prioritario.

Redactó un contrato, similar al que envió a los ingenieros de minas, pero con un sueldo cinco veces mayor que el que propuso en su momento a éstos para que viniesen, con la condición de que al menos deberían permanecer un año. Su trabajo consistiría en diseñar el espigón de un puerto que permitiera la aproximación y atraque de navíos de gran calado. Lo quería próximo al pueblo y para Sara le envió otro, con la condición de que ejerciera como enfermera, con un sueldo excelente, cinco veces mayor del que cobraría en un hospital en Madrid. Le estaría esperando un trabajo en un consultorio. La oferta se completaba con un talón para los gastos de los pasajes, pues ignoraba cómo podrían salir.  

Cuando llegó la carta a Madrid en el mes de octubre, yo la reenvié a La Villalonga y cuando la leyeron, se emocionaron. Como todas sus expectativas estaban más que cumplidas, casi a vuelta de correo, dieron la conformidad al ofrecimiento. Devolvieron los contratos firmados y cinco días después estaban conmigo en Madrid donde recogerían en mi casa los pasaportes, salvoconductos y visados que Ruth me haría llegar, además de poder despedirse de su madre, su hermana y de mí. Tuvimos que conseguir dos visados, uno que solicité en el consulado de La Habana en Madrid, en tránsito hacia México, para poder viajar a aquel país, y otro en el de México como inmigrantes. Lo consiguieron como refugiados de la guerra de España con el viejo pasaporte.

Al cabo de una semana estaban todos los documentos en regla. Mi hermano dejó el coche a mi cargo y si, transcurrido un año no hubieran regresado, lo considerara como de mi propiedad. Sara ratificó estas palabras. Partieron hacia Vigo en ferrocarril. La despedida en la estación fue muy dura para la madre de Sara, para su hermana y para mí; supongo que lo mismo les ocurría a ellos. Las lágrimas afloraron a nuestros ojos. Mi cabeza tenía el presentimiento de que no nos volveríamos a ver nunca más juntos todos los presentes, creo que a ellos le pasaba lo mismo. Yo tenía buena colocación en Madrid y conocían que no sería fácil que me desplazara, por muy buen contrato que me ofrecieran no tenía certeza de lo que pensaban en aquellos momentos la madre y su hermana.

Embarcaron en Vigo con la idea de un futuro esperanzador en México. Lo contrario ocurría en Europa donde sonaban tambores de guerra. Rusia invadió Polonia y las Repúblicas Bálticas, pero nadie esperaba nada de los alemanes. Posteriormente se sabría que éstos tenían un acuerdo secreto con los rusos en sus pretensiones...

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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