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jueves, 19 de marzo de 2015

"De señorito a señor" (136)



Sospecho que no tendréis buen recuerdo mío, pues mi justificada mala fama desde entonces, impedirá conocer mi nueva situación. Soy una persona diferente desde que por necesidad tuve que partir.
Mi vida ha llegado a un momento en que, por no tener descendencia, estoy preocupado; y por sangre, sois vosotros los herederos más próximos.
Con este escrito, además de daros a conocer que existo, os quiero comunicar que deseo volver a relacionarme con todos, conoceros a los que sea posible y dejaros parte de mis bienes a vosotros y a vuestros descendientes cuando yo fallezca.
Como anticipo y para poder cumplir lo anunciado, envío un pagaré adjunto en cantidad que estimo suficiente para comprar un pasaje en barco y sufragar los gastos que se presenten para que uno de vosotros, el que pueda, venga a pasar al menos un mes, en La Aldea. Espero que os resulte sencillo poneros de acuerdo y nombrarlo en representación de todos.
Tened presente, que aunque sea en la distancia, como comprobaréis, vuestro tío no os ha olvidado y os quiere.

Dionisio

Manolito había fallecido y los demás conocían la leyenda de que un tío suyo se volvió loco y asesinó a seis amigos suyos, en Santander. Al recibir la carta, se asombraron al conocer que estaba vivo. Se reunieron y cambiaron impresiones. No les pareció mal a ninguno el escrito de hacerles partícipes de una herencia, rubricado por un tío del que apenas nadie recordaba nada por ser todos pequeños cuando salió de Noja y, les halagó saber que en cambio él, les quería hacer partícipe de sus bienes a su fallecimiento; desconocían su cuantía, pero a todos se les vino a la cabeza los bienes y capitales que repatriaron los indianos en otras regiones de la provincia, especialmente los emigrados a Buenos Aires y Montevideo, pero éste estaba en México... Muy intrigados y por unanimidad acordaron que debería de ir uno. No fue fácil designarlo.  Para ir no se ofreció nadie voluntario, encontraban dificultades ya que todos, modestos labradores, diariamente sacaban adelante a la familia con su propio esfuerzo: labraban el campo, cuidaban huertos, tenían vacas y otros ganados, que alimentaban, ordeñaban y cuidaban. El trabajo era llevadero pero muy esclavo, por lo que tuvieron que ofrecerse entre todos para hacerse cargo de las labores y cuidado del ganado del que tuviera que desplazarse. Consideraron oportuno pedírselo al mayor, Cosme. Al escucharlo, éste que tenía fama de zorro entre ellos, pero que asumía de alguna manera la responsabilidad que siempre tiene el primogénito de los hermanos, no dijo nada. Permaneció en silencio. Les resultaba un poco complicado lo del desplazamiento hasta Vigo donde periódicamente zarpaba un barco de pasajeros, así que acordaron contratar a Elías el taxista de Meruelo y pagarle con parte de las perras recibidas, disponían de suficientes, para que le llevase hasta la ciudad gallega. Su esposa no veía nada bien que fuese escogido él y partiera el primero; aunque todos, en su presencia, se comprometieron a ayudarla en las labores del campo y con el ganado; al final, fue en la que recayó el mayor sacrificio. Dudaba que merecería la pena realizar tan largo viaje, pero lo aceptó por mantener la unión entre la familia y no quedar señalada con el dedo. Pensaba que sería más lógico que fuera uno de los dos... 

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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