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viernes, 20 de marzo de 2015

"De señorito a señor" (137)


... varones que estaban solteros por no tener hijos menores a su cargo como tenían el resto; pero no le quedó otro remedio más que aceptar estas condiciones. Ella,  muchos días tendría un trabajo añadido, pues sus hijos eran demasiado pequeños para ayudarle en muchos quehaceres. Su cuñada Lola, también soltera, se ofreció a ir a vivir con ellos cuando partiese su marido para ayudar en el cuidado de los niños y preparar la comida, mientras se dedicaba a las labores del campo o estaba con el ganado. Cosme se puso a preparar la documentación necesaria para poder viajar. Se volvieron a reunir antes de que llegase la documentación que un vecino de Noja, que dominaba el asunto de resolver problemas burocráticos de todo tipo en Santander hasta donde viajaba diariamente se comprometió a conseguir, a cambio de unos cuantos duros, excesivos para algunos, pero que al final aceptaron pagar todos, ya que ninguno de los presentes se comprometió a realizar las gestiones necesarias para conseguirlos, al menos, por la misma cantidad que tuvieron que entregarle. Redactaron una carta a Dionisio poniéndole al corriente de los problemas surgidos. Sabían que desde Vigo continuaban zarpando periódicamente vapores que hacían la ruta a América. Cosme intentaría embarcar en uno de ellos cuando la hierba estuviese en los pajares después de Santo Domingo en el mes de agosto. Le pedían con reiteración en la carta remitida que si llegaba a algún puerto mexicano, fueran a recogerle.
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Como siempre que llegaba desde España alguien de relevancia, como en este caso Francisco y Sara, Dionisio y su esposa iban personalmente hasta el puerto para darles la bienvenida. En esta ocasión en un solo coche. No consideraban preciso hacer ostentación de nada desde el momento en que desembarcaran, lo deberían hacer cuando llegase su sobrino Cosme. Tras los saludos de rigor, fueron invitados a subir en los asientos traseros del berlina. Con Gloria al volante, partieron hacia La Aldea donde se hospedaron en la habitación de invitados. Al llegar, se encontraron en el comedor de la casa de sus anfitriones con una cena de bienvenida, a base de langosta, pescado, dulces, frutas variadas y buen vino. Fiel a su estilo, Dionisio necesitaba dar a conocer sus proyectos sin perder un solo día, desde esa misma noche.

El trabajo que le iba a encomendar, según sus cálculos, iba a desarrollarse en algún lugar de la costa por los alrededores y, necesitaba ofrecerles una acogedora vivienda  para poder trabajar, desarrollar sus ideas y diseñar su proyecto. Ya tenía dos construidas, anexas a las suyas, que ocupaban eventualmente los invitados que llegaban con familias y la ocupaban varios días o temporadas, para que tuvieran más privacidad y vida familiar. Permanecían deshabitadas el resto del tiempo. Empezó dando detalles de la que les tenía reservada. Comenzó diciendo:

-Os tengo reservada una casita, la que menos cuartos tiene de las dos construidas.

La describió como:
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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