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jueves, 9 de abril de 2015

"De señorito a señor" (144)


Enseguida empezó su tío con las preguntas que le estaba deseando hacer para conocer más cosas sobre sus sobrinos. Lo primero que supo fue detalles de Manolito, fallecido hacía cinco años. Estaba fuerte y no se pudo certificar más allá que lo que se decía en estos casos: Muerte repentina. Fue inmenso el dolor para toda la familia, especialmente para sus hijos, los hermanos y el resto de la familia. Lo enterraron junto a la joven Gloria, cuidadora en numerosas ocasiones de Cosme de recién nacido, pues le gustaban mucho los niños. Dionisio acusó el golpe que supuso escuchar el nombre de quien había sido su novia en Noja. Estuvo un buen rato en silencio, escuchando pero no oyendo, ya que su esposa proseguía con las preguntas. Recobró un poco el ánimo cuando pensó que, al menos, Tadeo le estaría llevando flores y siempre tendría alguna sin marchitar encima de su tumba.

De las cosas que hizo el recién llegado cuando estuvo descansado, al cabo de dos días, lo primero fue a conocer la conservera, acompañado por Goyo, encantado con su compañía. Pudo comprobar el movimiento que se desarrollaba en el puerto, los tendejones, las tejavanas, la cantidad de gente que trabajaba, necesaria para poder manipular y preparar todo el pescado en la factoría. Lo que conocía en Santoña podía considerarse como una miniatura con respecto a recintos y capacidad de esta nueva conservera mexicana. Su acompañante le enumeró las fábricas que tenían repartidas por el litoral; añadiéndole, con cierto orgullo, que en la que estaban fue la primera que ayudó a poner en marcha y el cimiento de todo el imperio. Cosme no conocía apenas nada de la geografía mexicana y se limitó a contar el número de las que le enumeraron, no de los lugares. En compañía de su tío y Gloria, salieron al tercer día tras su llegada hacia Catorce.

Como siempre, Daniel fue el anfitrión. Visitaron las siete minas en producción y posteriormente fueron a la fundición donde pudo contemplar el tesoro que constituían los lingotes de plata almacenados para ser cargados, parte de ellos, en el convoy que estaba en espera para transportarlo hasta el banco. Desde aquel momento, por si le quedaba alguna duda, comprobó que su tío era muy rico. Se limitó todo el tiempo a ver, oír y callar. Si iba a cualquier sitio, nada más entrar por la puerta, a su tío y a su esposa les trataban con especial delicadeza. Siempre acudía alguien a pedirle trabajo. Entonces sacaba un papel y con un lápiz tomaba nota, si lo consideraba idóneo tras un breve intercambio de palabras. Le indicaba entonces el nombre de la persona ante quien se debía presentar al cabo de uno o dos días, dependiendo de cuándo le diera tiempo de avisar a un encargado del contenido de la nota, que pasaba a custodiar y a reencaminar Gloria. Antes de despedirse de quien pedía trabajo, le leía la cartilla. Aquel día también ocurrió y le dijo al joven:

-Tendrás trabajo siempre.

Repetía la palabra:

-Siempre.

Añadía:

-Mientras seas y demuestres que eres honrado, leal, trabajador y buena persona. 

Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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