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miércoles, 15 de abril de 2015

"De señorito a señor" (146)



Con gran pesar añadió: 

-No podrá volver a repetirse.

Un poco compungido Cosme, después de haber respondido afirmativamente a la pregunta con la cabeza, cuando volvieron a surgirle las palabras añadió:

- Es que Luisa, mi esposa, quedó al cargo de las vacas que tenemos; mi hijo mayor la ayuda a cargar la hierba en el carro, ir al depósito a llevar la leche…; tus otros sobrinos o sus cónyuges espero que vayan a segar la hierba para ayudarla. Quedan mis otras dos nenas pequeñas. Ya conoces la vida tan atada que tenemos los que tenemos ganado. Llega la hora de comer y las vacas te llaman si no estás, no se pueden dejar de ordeñar, algunas por la mañana y por la tarde, hay que dar de comer a las terneras, cuidar las gallinas, conejos, gatos, perros y a la yegua, sin olvidar la huerta, hacer la comida e ir a la fuente a por agua. De esto último se encargan las dos pequeñas.

Dionisio, aunque no tuvo nunca que trabajar en el campo conocía muy bien esta vida, y casi se puso a soñar despierto:

- De pequeño, tenía por amigo a Marcialín. Sus padres, renteros, vivían en una casa de campo cuyo dueño era mi padre. Me gustaba entrar en la cuadra donde estaban amarradas las vacas cuando no estaban en los pastos y beber la leche directamente del chorrito de leche que salía de la teta cuando la exprimías. En otras ocasiones, muchas tardes, para ayudar a mi amigo, le seguía rastrillando la hierba con la prada mientras su padre iba delante segándola con el dalle y dejándola en cambadas. Con mi ayuda conseguíamos acabar pronto la faena; mientras él, delante de mí, la cargaba con la horca en el carro para llevarla al portal de la casa donde se depositaba para darles a las vacas y a la yegua la cena y la primera comida de la mañana. Cumplida con esta obligación, estábamos libres para jugar hasta la hora de ir a llevar a todo el ganado por un callejo hasta la charca del río, que discurría por debajo de un puente al lado del camino real, donde bebían todos los animales al atardecer. A veces, se mezclaban si se tropezaban con otras que iban o venían en dirección contraria, pero los animales tenían el instinto de volver a casa y no retrocedían. Otro problema diferente se presentaba cuando alguna vaca o novilla andaba al toro; echaban a correr las condenadas con el rabo levantado, y hasta que no cansaban o llenaban la tripa de hierba, pastada en prado propio o ajeno, no se encontraba manera fácil de volverlas a casa.

No sé cómo te cuento esto, que no viene al caso, pero me recuerda la niñez. Tendría la edad aproximada que tiene la mayor de tus dos nenas. Pero vamos a lo que nos  interesa, ya que veo que te marcharás en dos días.

Tú ya no tendrás que trabajar más para dar de comer a tus hijos cuando yo me muera. Ahora te daré dinero. En mi banco no hay problema para prepararte una maleta llena de fajos de billetes en vigor en España. Pero si no es suficiente, ya...

 Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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