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miércoles, 22 de abril de 2015

"De señorito a señor" (149)


... de Dionisio no pasaron al comedor, quedaron en la tienda tras el mostrador, sentados en los taburetes de la barra del bar y en las mesas próximas. Pidió al tabernero que les ofreciese, a todos, lo que quisieran para beber o picar y a los más pequeños les ofreciera de todas las golosinas disponibles mientras estuviesen ellos en el interior del comedor, precisando que con todos los gastos a su cargo, tanto lo que estaban consumiendo como lo que les apeteciese a partir de ese momento hasta su partida del establecimiento. Con voz de mando pidió sirviese cinco botellas de vino a los que entraron dentro, las de mayor calidad que tuviese en la bodega, sin importar el precio, y preparase algo de pinchar para los que iban a reunirse dentro y lo mismo para los que quedaban fuera esperando en el mostrador y las mesas. Añadió:

-Ya sabes: chorizo, anchoas, queso, aceitunas, salchichón, tortilla y rabas# si tienes, para acompañar al vino. Que no se te olvide el pulpo.

El pulpo que se pescaba entre las rocas de los acantilados y en la playa de Las Olas, permanecían secándose a la sombra durante el verano, se servía con aceite de oliva, siendo un manjar en el que estaba especializado Menezo.

Al escucharle hacer aquel pedido con tanta autoridad y sin escatimar gastos, se asustaron los presentes, pues el hermano mayor tenía fama de ser el más tacaño de todos y no entendían tanto derroche. Con menos se conformaban todos. El tabernero apareció con las botellas de Rioja y nueve vasos cuando ya estaban sentados entorno a la mesa los futuros herederos. Cosme le pidió que por favor cerrara la puerta al salir, los dejase a solas y preparase otras tantas botellas como quedaran vacías, y que no faltase de nada a los que quedaron en la tienda.

Cuando se escuchó el ruido que hizo la puerta cuando salió el tabernero, empezó a contarles cómo encontró a su tío, idéntico a los antepasados que conocía, cómo le trataron, los lugares que visitó, cómo vivía, las conserveras, el banco, las minas, las fundiciones, el petróleo, su dinero,… Muy rico… Le escucharon todos en silencio y ninguno planteó ninguna pregunta. Parecía un gran sueño tenido por Cosme la noche anterior y se lo estaba relatando a todos, que escuchaban con desasosiego entre la incredulidad y el asombro. Cuando terminó la exposición continuaron en silencio. Se rompió cuando el tabernero abrió de nuevo la puerta que anunciaba su llegada con los platos repletos de alimentos. Empezaron a comer y a comprobar las excelencias del Rioja, y el tono de la voz enseguida lo notó, pues tomó fuerza. A partir de ese momento empezaron a surgir las preguntas, la mayoría referentes a conocer la veracidad de tener tanto dinero.

Abrumado por la reiteración de preguntas idénticas, pidió que repartieran la mesa de forma que en una parte quedasen los platos que contuvieran algo de comida, la mayoría estaban ya vacíos, y los vasos; en la otra, la maleta. Hicieron una pila con los platos y en el espacio libre colocó la maleta, algo que ellos pensaban serían los pequeños regalos sorpresa. Procedió a desatar las correas de la maleta ante la inusitada expectación del resto de los presentes y procedió a dejar a la vista el contenido: Unos cuantos sobres amarillos y los fajos de billetes… 

Un ¡oh!… de admiración resonó en el local cerrado. No se creían lo que estaban viendo. Alguno tomó en la mano uno de los fajos para comprobar si se trataba de billetes auténticos, otros apuraron el vaso de vino, y los más quedaron mudos. Tomó de nuevo la palabra Cosme tras retirar los sobres, dejar a la vista el dinero y dijo:

-Todas estas perras las debo de entregar a Dionisio, el hijo de Manolito. A mí me ha entregado otro tanto.

Éste, al escuchar pronunciar su nombre echa las manos a la cabeza y se pone rojo como un tomate. No se lo cree. Murmullo de asombro entre los primos, casi se forma un motín. Se escucharon comentarios como: 

-¡Con lo que hay en la maleta hay para todos! ¿Todo lo queréis para vosotros?…

Tomó de nuevo la palabra Cosme y se hizo un silencio absoluto. Procedió a mostrar cuatro pasajes del barco y empezó a explicarles los detalles. Para que nadie se perdiera, puso a cada uno en la mano el sobre donde aparecía por fuera con letras grandes escritas con tinta china el nombre de cada uno. Contenían las instrucciones redactadas por su tío. Seguían perplejos y a modo de resumen les dirigió a todos nuevas palabras para tranquilizarles:

- Todos. Repito, todos, dispondréis de la misma cantidad que ahora mismo podéis contemplar, que ya tenemos Dionisio, el hijo de Manolito, que se lo va a llevar hoy, y yo. Con estas perras debemos de construir una casa nueva. Si la tenemos construida y vivimos en ella cuando muera nuestro tío, heredaremos cada uno que pueda demostrarlo una parte de su fortuna. Esto solamente es un anticipo. Cuatro de vosotros deberéis para dentro de diez semanas, contadas desde de mi llegada el pasado jueves, en la fecha concreta que figura en el pasaje del barco, ir a Mexico a conocerle, y cada uno traerá consigo la parte suya y la de una hermana o hermano que quede aquí; insisto, cantidad idéntica para cada uno e igual a la que tenéis delante. Cuando este dinero venga a España y esté en vuestras manos, ya podréis empezar a construir vuestra casa. La  heredará el primogénito que pondrá por nombre Dionisio a su primer hijo para que éste la pueda heredar. El resto de las instrucciones las podréis leer tranquilamente mañana. Creo que en breve tiempo no necesitaremos ninguno de nosotros andar detrás del rabo de las vacas…  

Se detuvo y esbozó una sonrisa mientras miraba los rostros absortos de los presentes. El hijo de Manolito tampoco había salido todavía del asombro. No le interrumpieron en su exposición como era costumbre. Tras escuchar estas últimas palabras, todos...
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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