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jueves, 23 de abril de 2015

"De señorito a señor" (150)


... quedaron más satisfechos y tranquilos. Empezaron a verlo más claro. Cerró la maleta, la ató y después pidió que entraran los que permanecían esperando en la tienda. Cosme encargó al tabernero que trajese más vino, orujo, anís y coñac… Brindaron todos juntos. A altas horas de la noche salieron de la taberna, cantando y celebrando lo escuchado y con el acuerdo de que dentro de ocho días volverían a reunirse en el mismo sitio, esta vez se encargaría de pagar Dionisio, el hijo de Manolito y podrían estar todos ya presentes desde el comienzo. Antes de despedirse, tomó otra vez la palabra Cosme, y de nuevo, a pesar del alcohol ingerido, se volvieron a quedar todos en silencio:

-Mucha discreción con este asunto. Nadie debe de enterarse de nada porque sólo a nosotros nos incumbe. Ya llegarán las envidias más adelante, no las fomentemos por anticipado. Dos de vosotros que acompañen a Dionisio, a su madre y a sus hermanos hasta casa con la maleta. Yo he de quedarme a echar la cuenta de los gastos que he de pagar a Menezo.

Transcurrida la semana, como hubo conversaciones privadas previas entre unos con otros, no resultó difícil llegar a un acuerdo: Irían las cuatro hermanas. La cena y la velada transcurrió contando cada uno sus proyectos sobre lugares y dimensiones de las nuevas casas; eso sí, sin cuadra y con garaje. Todos empezaban a soñar con poder comprar un coche. Les resultó amena y entrañable la noche por tantos sueños despertados para su porvenir inmediato.
  
                                                          ***** 
Dionisio, al no resultar favorable ninguno de los dos emplazamientos escogidos por él para ubicar el puerto, según como tenía planificado, llevó a Francisco a recorrer la costa en busca de un nuevo lugar más idóneo, primero por los alrededores, en zonas más alejadas. Visitó los pequeños pueblos costeros de pescadores. Como prometió, le llevó a dos lugares para él especiales en cuanto a estar resguardados del viento; pero ambos tenían un difícil acceso por no decir imposible, según su criterio. Al llegar al primero, ya pudo apreciar que cambió algo el semblante del ingeniero cuando lo pudo observar con detenimiento. Al llegar al segundo lugar, sopló y se sentó. Quedó inmóvil y posteriormente se puso en pie, mientras el montañés permanecía observándole en todo momento. Ambos volverían a sentarse sin intercambiar palabra pues la observación y la meditación lo requerían. Este lugar estaba más cerca de La Aldea, pero la costa formaba un precipicio al que daba miedo asomarse y por donde no podían bajar ni las cabras. Eso sí, ya pudo observar la pequeña concha que tenía una playa en su centro, pedregales en los laterales y dunas pegadas a las rocas del acantilado y…, estaba especialmente protegida por su parte izquierda. Este detalle de la existencia de dunas, le llamó poderosamente la atención. Debería conocer su comportamiento ante los temporales, pues sospechaba que se trataba de arenales permanentes. Hizo su primer esquema mental: si construía un pequeño espigón en uno de los cuernos de la concha, el puerto estaría operativo. Al cabo de un buen rato se puso otra vez de pie, pero en esta ocasión le dio una palmada en la espalda, porque permanecía sentado a su lado sin pronunciar palabra, invitándole a levantarse también mientras le decía:

-Este sitio me gusta.
Continuará...

Si quieres conocer un pequeño argumento lee: http://lucesenlasminas.blogspot.com.es/2012/11/de-senorito-senor-un-poco-del-argumento.html
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