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miércoles, 13 de mayo de 2015

"De señorito a señor" (157)


No obtuvo respuesta. De una en una, todas fueron dando su conformidad. Para no alargar por más tiempo la velada, Dionisio tomó de nuevo la palabra para decir lo que estaban deseando escuchar:

-Mañana Gloria os entregará la misma cantidad de dinero que llevó Cosme y otro tanto para cada uno de mis sobrinos que quedaron en España. Como estáis de acuerdo con todo lo demás, no hay nada más que añadir. Esta noche nos volvemos a ver a la hora de la cena.

Las besó a todas antes de despedirse. Lo mismo hizo su esposa. Después se retiraron a sus aposentos.

Las sobrinas llegaron sin novedad a Noja, y después de celebrarlo durante varios domingos seguidos en la taberna de Menezo, pues cada semana invitaba uno de los herederos, se pusieron a gastar parte del dinero recibido construyendo todos su nueva casa según el deseo de su benefactor. Regresaron con mucho, pero mucho más quedaba en México, y no iban a perderlo por no estar viviendo en una casa nueva.

                  *****

Al finalizar el año, Dionisio hizo un balance sobre todas las cosas que consiguió poner en marcha: El dispensario médico estaba funcionando, el hospital  construyéndose, las minas y fundiciones en plena producción, las conserveras y las fábricas de pescado a pleno rendimiento, los pozos de petróleo dando una excelente producción de barriles cada día, la segunda refinería a punto de inaugurarse, el túnel para el puerto operativo, la grúa para colocar los bloques de cemento para construirlo desarmada, pero embalada a la entrada del túnel y los sótanos del Glorioso Banco Nacional repletos de oro, plata y dólares. El éxito podía considerarse total. Todo se desarrollaba conforme a lo previsto. No le podía ir mejor.

En otoño, Sara cae enferma. Tiene fiebre elevada. Debe dejar de trabajar. Braulio piensa que, tal vez, en el dispensario médico se ha contagiado de alguna enfermedad. Hace las pruebas pertinentes, los resultados no podían ser peores, y se los transmite a su marido. Le da su diagnóstico: Cree que ha contraído la fiebre amarilla. Pasa el tiempo y no hay mejoría. No responde a la medicación que le suministran…

Francisco piensa en lo peor, pero no renuncia a ir a visitarla, pese al peligro de contagio. Como enfermera no necesitaba que nadie le diera un diagnóstico, era consciente de su enfermedad. Su estado iba empeorando día a día. No podía articular palabra y sólo reaccionaba cuando su marido le cogía su mano. Ella se la apretaba. Sentía… 

Llegó el fatal desenlace y su cuerpo tomó tierra en una esquina del modesto cementerio de La Aldea. Mi hermano peregrinaba todas las tardes hasta su tumba, iba  con intención de poder hablar con ella. Era un científico no un poeta y no encontró en ...

Continuará...

De esta novela haré una edición en papel cuando termine de publicarla en este blog.
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