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viernes, 15 de mayo de 2015

"De señorito a señor" (159)




                           XXXII. FRANCISCO REGRESA A ESPAÑA

Una noche cuando ya tenía previsto el viaje, Dionisio le pidió que no partiese antes de la inauguración del puerto, ya hecho realidad, del que se sentía tan orgulloso. Acevedo consiguió financiación para una parte de las obras del estado mexicano y fue el presidente de la nación quien presidió la inauguración.

Le estaba muy agradecido y cuando llegó el día de su marcha, no le permitió irse con las manos vacías. Le dio un pequeño capital y una pensión  vitalicia como parte de su equipaje, que recibiría mensualmente del Glorioso Banco Nacional, y le hizo partícipe de su herencia tras su muerte, para que no tuviese que volver a tener que trabajar cuando dejase sus nuevas ocupaciones en España. Se lo dejó por escrito en un documento que le entregó. Básicamente consistía en que la pensión vitalicia que sería hereditaria durante tres generaciones, aparte de un pequeño porcentaje en el total de su herencia. 

La despedida fue triste, pero la noche antes, aparte de ponerle al corriente de estas atenciones, inmerecidas según mi hermano, le pidió que cuando aterrizase en Madrid, se hospedara en el Hotel Ritz y escribiera un telegrama a Ruth, a la que ya conocía, y por quien sentía que continuaba estando en deuda  permanente por el fajo de billetes que puso en sus manos con el que pudo forjar su imperio. Ahora, además, se añadía otro motivo. Por su iniciativa y sus gestiones, fue la que le pidió trabajo para el matrimonio, que tan buen resultado para sus negocios, proyectos y ánimo le  había proporcionado ambos. La dirección en Madrid se la entregó escrita en un papel que contenía también el texto para el telegrama que decía:

QUERIDA RUTH: UN AMIGO COMÚN QUE ESTÁ EN EL HOTEL RITZ TE ENTREGARÁ UN PRESENTE. RUEGO LO ACEPTES EN SEÑAL DE AMISTAD. TE ESPERA . DIONISIO.

Además, le entregó una cajita repujada en cuero, cuyo contenido no le enseñó, pero que forró Gloria con papel dorado antes de despedirse por la noche. Dionisio le pidió que les permitiese acompañarle hasta el aeropuerto de México Capital. No dudó en aceptar su deseo. En su casa, mi hermano la colocó con mucho esmero entre sus objetos personales, al lado de los recuerdos de su Sara, que introdujo en el equipaje. Antes de emprender viaje, pasó por el panteón donde estaba enterrada su amada y de nuevo se desahogó llorando ante su tumba, pensando en ella y en que lo haría por última vez. Voló en un avión con destino a Nueva York, donde tomó otro hasta Madrid, a donde llegó sin novedad.

En el aeropuerto tomó un taxi para ir directamente hasta el hotel. Cumplió el encargo nada más llegar, enviando el telegrama a la inglesa. Al recibir la misiva de su antiguo querido, no contestó de inmediato. Meditó por la noche y aquel te espera, subrayado, no se iba de la cabeza. Decidió que lo mejor sería personarse de improviso, pues la otra vez cuando estuvo Goyo y Ojos Verdes, su amante estuvo receloso muchos días...
Continuará...

De esta novela haré una edición en papel cuando termine de publicarla en el blog. Reserva tu ejemplar escribiendo a  vilela222@gmail.com

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