PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

miércoles, 20 de mayo de 2015

"De señorito a señor" (160)


... pese a ir acompañada de su subsecretario, sobre todo cuando veía la cantidad de veces que lucía la sortija, de la que ignoraba su procedencia, a pesar de preguntarle en reiteradas ocasiones y obtener la misma respuesta que no se creía:

-Una herencia de mi familia que tenía custodiada en un banco y que me hizo llegar aquel matrimonio que fue con nosotros al teatro.

Para que no se volvieran a repetir los hechos, comentó con su amante a la hora del desayuno, que debía de partir con urgencia a realizar una gestión y que no volvería a casa por la noche, algo a que le tenía acostumbrado y siempre le decía cuando quería desaparecer uno o dos días. Tomó un taxi y se alojó con otro nombre, utilizado ya en anteriores ocasiones en el hotel Ritz. En el comedor no le resultó difícil localizar a mi hermano, marido de su amiga en Navia, conocido el número de su habitación con ayuda de un camarero y una buena propina. 

A la hora de la siesta los nudillos de su mano golpearon la puerta de la habitación donde estaba acostado mi hermano. Antes de abrir, Francisco preguntó:

-¿Quién?

Con su dulce voz, que reconoció al instante, muy suavemente oyó la respuesta:

- Ruth, tu amiga inglesa.

Al escuchar pronunciar el nombre que buscaba, se levantó como un resorte de la cama; instintivamente intentó acomodar en su pelo la raya al medio, que seguía peinando, y acudió a la puerta. La abrió y la invitó a pasar. Quedó gratamente sorprendido ante su presencia. Estaba radiante, elegantemente vestida e impecablemente acicalada. Enseguida ésta le preguntó por su amiga Sara. Se enteró en ese momento de su fallecimiento. En su mente perduraban los recuerdos de su amada en sus últimos días, esquelética y demacrada. Desde entonces nunca se fijó en ninguna mujer. En aquel momento lo hizo. Instintivamente recapacitó y volvió a resucitar de su interior sus permanentes penas.

La invitó a pasar. Ambos se sentaron delante de un velador y mi hermano descolgó el teléfono para pedir dos cafés, tras aceptar su invitada acompañarle. Ansiaba tener noticias de su antiguo amante. Recordaba que le comentaron lo riquísimo que era, y se interesó por conocer si vivía a su lado Gloria, a pesar de haberse casado a la española. Derecha al grano, como siempre fiel a su estilo, le interrogó sin rodeos con una batería de preguntas:

- ¿Qué tal, Dionisio? ¿Ya tiene familia? ¿Dónde vive? ¿Cuéntame algo sobre él? Tengo muchas ganas de conocer novedades.

Francisco las escuchó pero no respondió. Para asombro de Ruth, se levantó y la dejó sola mientras le decía:

-Discúlpeme, debo hacer algo antes de responder.
Continuará...

De esta novela haré una edición en papel cuando termine de publicarla en el blog. Reserva tu ejemplar escribiendo a  vilela222@gmail.com
Publicar un comentario