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viernes, 22 de mayo de 2015

"De señorito a señor" (162)




-Dionisio sigue viviendo con Gloria.

Al escuchar esta afirmación, pensó: ¿Para qué me dirá este hombre que me espera si está casado? ¿Cree que voy a ser yo un plato de segunda mesa? De ninguna manera… Siguió escuchando.

-No tiene hijos conocidos. Han venido desde Noja cinco de sus nueve sobrinos; bueno, fueron diez, pero uno ya falleció y me ha manifestado que los quiere hacer beneficiarios de una parte de su herencia.

Volvió a escuchar precisiones concretas sobre el banco, las conserveras, las minas, el petróleo, la refinería, el puerto, sus negocios… Escuchaba, pero de su mente no se iba que seguía casado. Ya apartó en una ocasión a su legítima esposa de su lado, La Estirada, y no podía volver a caer en el mismo error, ya que tuvo que huir de su lado, a pesar de las riquezas que también atesoraba entonces. De su interlocutor sólo salían cosas buenas y grandes obras realizadas de todo tipo de su antiguo querido, no encontraba manera de detener aquel flujo de frases enlazadas, que a ella ya le cansaban. Se le ocurrió hacer otra pregunta:

-Con estas cosas que me comentas, lo bien que te iba, disponías de todo, ¿por qué vuelves a este país donde ahora sólo hay hambre y miseria por todas partes?

Esta pregunta tocó la fibra sensible de mi hermano. Siendo casi hora de cenar y como se sentía a gusto al lado de la inglesa, la invitó:

Te contaré mi historia mexicana, si aceptas que te invite a  acompañarme en la cena. 

Ella respondió:

-Acepto, pero con la condición de que la misma sea en esta habitación, pues no quiero correr ningún riesgo de que me vean en compañía de un varón desconocido en lugar público. Mi compañero es muy celoso.

Un poco extrañado pero, Francisco aceptó. Descolgó el teléfono. Le leyeron la carta que en voz alta iba repitiendo para que Ruth lo escuchara y después de estar informados, pidieron una ensalada y un solomillo a la plancha, acompañados por una botella de vino Vega Sicilia.

Cenaron hablando de temas intrascendentes sobre Madrid, su estancia en Navia y Noja, pero nada más que salió ese nombre, Ruth cambió de tema de conversación. Después de cenar tomaron asiento en el diván situado al lado de la ventana y mi hermano le empezó a relatar sus sufrimientos por la enfermedad y muerte de su amada. Encontró en la inglesa al perfecto confesor que escucha atentamente, pues estas historias le resultaban atractivas. Le dejaba hablar y cuando se le escapaban algunas lágrimas, le hacía arrumacos. Ante nadie pudo hasta ese día desatar sus sentimientos y desahogarse por la pérdida de su amada. La inglesa experta en el arte del amor y la seducción, poco a poco pasó al ataque ante una pieza tan a punto y sin...

 Continuará...

De esta novela haré una edición en papel cuando termine de publicarla en el blog. Reserva tu ejemplar escribiendo a  vilela222@gmail.com
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