PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

miércoles, 27 de mayo de 2015

"De señorito a señor" (163)


... capacidad de resistencia. Sin que se diese cuenta le sedujo y ambos terminaron en el catre, pues mi hermano no se acostaba con mujer alguna desde antes de ponerse enferma su esposa. La inglesa sacó el atraso de no haberlo intentado en Navia y consiguió que la noche fuera larga e intensa.


Bien avanzada la mañana, se despidieron y se desearon suerte. No quiso pasar por mi casa en Madrid, ni por la de la hermana de Sara y su madre para no remover más los recuerdos. Partió para Navia a su domicilio.

Tampoco encontró la tranquilidad de ánimo en la casa de La Villalonga donde los recuerdos de su amada le perseguían a todas horas por todas partes. Si se acercaba a la orilla de la mar, aún le asediaban con mayor intensidad. Sólo encontraba momentos de calma con la lectura de su libro preferido, la obra maestra de Don Miguel, donde tal vez encontró la ayuda que necesitaba, pues en diversos lugares, bastante tiempo después me encontraría subrayado que yo ya sé de experiencia que los montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filósofos. Decidió partir a un lugar donde las olas del mar no le perturbaran su ánimo, lejos. Pensó en ir a Covadonga en el automóvil nuevo, que adquirió a los pocos días de su regreso; el suyo me lo regaló a su partida para México. Llegó al pueblo de Onís. Se instaló en una casa cuyos moradores alquilaban una habitación. Fue en varias ocasiones a rezar en la Gruta a los pies de la Santina. Sus rezos permitieron templar algo su espíritu y el frío invierno sus ánimos.


No precisaba trabajar. Los recursos que le proporcionó Dionisio, sus ahorros que dejó depositados en el Glorioso Banco Nacional y la mano izquierda del que no le olvidaba, le permitieron disponer de una holgada pensión que todos los meses que le enviaban y cobraba en un banco de Cangas. Podía vivir económicamente de forma muy desahogada.


Por la ventana de su dormitorio se percató de lo atractiva que resultaba a la vista una quintana que, tal como la hija mayor de la casera al poco tiempo de instalarse le comentó, acababan de poner a la venta. Se interesó por ella y la compró. Contrató a un albañil para que iniciara su restauración conforme a sus necesidades. Diseñó para la planta baja un gran comedor con cocina de carbón y leña y un retrete. En la buhardilla, a la que se ascendía por una escalera de piedra, distribuyó dos cuartos que daban al corredor y un baño; y en el piso superior, al que se ascendía por una escalera de madera, mandó construir al carpintero del pueblo unas estanterías para sus libros, que parte tuve que enviarle desde Madrid y el resto fue a buscar él, en varios viajes a La Villalonga. Las estanterías rodeaban una mesa tallada de nogal. El conjunto le servia de despacho. Dejó sin tocar las tejavanas y establos, salvo uno que acondicionó para garaje. El resto los cedió a una familia vecina, a cambio de que tuviesen bien cuidado el jardín y la pumarada#.


Para el servicio de la casa contrató a la hija mayor de su antigua casera para .... Continuará...


De esta novela haré una edición en papel cuando termine de publicarla en el blog. Reserva tu ejemplar escribiendo a vilela222@gmail.com
Publicar un comentario