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jueves, 28 de mayo de 2015

"De señorito a señor" (164)



... para contrarrestar los perjuicios económicos que provocó a esta familia el cambio a su nueva vivienda, tendría doce años. Tal vez porque deseaba llevar a la práctica inmediatamente lo escrito y subrayado de Don Miguel, sin pretenderlo empezó a aficionarse a la montaña. Disponía de una escopeta con la que se ejercitaba en sus excursiones y cazaba. Llegó a conocer los Picos de Europa como la palma de su mano. Conocía a los pastores, los diferentes refugios y cabañas, de todos los rincones donde podía pasar cada noche. Diseñaba planos de los Picos, los lugares, las rutas y senderos. Dibujaba paisajes, montañas, animales, flores, árboles y todo lo que le llamaba la atención en sus paseos y excursiones . A veces tardaba semanas en volver. Se alimentaba con el queso y pan que compraba a los pastores, lo que cazaba, pescaba en los riachuelos, o la leche bebida de las vacas que pastaban en verano por la zona alta de las montañas. A partir de octubre regresaba de manera continuada a su casa.

Transcurridos diez años desde su llegada, y a punto de iniciar su salida para el monte en el mes de abril como en los años anteriores, se casa su ama de llaves. Antes de partir, contrató a la otra hermana, cuatro años más joven, Diana. Ésta, muy romántica y aventurera, le pidió que la llevara con él cerca de las montañas, donde sabía que pasaba el verano y parte del otoño. Le costó tomar la decisión, pero aceptó tenerla a su lado. Transcurridos dos meses caminando de risco en risco, de montaña en montaña, Francisco cogió un fuerte resfriado que le produjo una fiebre intensa y, con el fin de cuidarle, su nueva asistente se acostó a su lado para que su cuerpo no quedase frío durante la noche aportando el calor del suyo. Lo continuó haciendo en las noches siguientes y consiguió su objetivo, ya que el ingeniero se recuperó en pocos días, pero desde entonces siguieron durmiendo juntos todo el verano; y al regreso también, en su casa de Onís. Diana, no tenía la belleza de las casi vírgenes que acompañaban a Dionisio habitualmente, ni tenía tampoco su escultural figura, ni su físico, podía recordarle a mi cuñada mas su lozanía y juventud, en plena eclosión, le permitían embelesar a quien la conocía.

Pero mi hermano ya no estaba en edad para poder corresponder a aquel cuerpo tan ardiente y lozano que pedía sinfonía, capaz hasta de curar resfriados. No le quedó más remedio, para no perderla, que consentir que acudiera a retozar todas las noches al pajar de la casa con un vecino, a pesar de que por sus sentimientos y sus deseos hacia ella fuesen otros. Tras estas largas noches de orgía y sexo, Diana se quedó encinta y el vecino, casado y con varios hijos, se desentendió de la paternidad. Mi hermano cuando lo nota, dialoga con ella y le propone asumir él esta responsabilidad para no dejar en desamparo a la madre, la criatura y la familia. Se casa con Diana para que el futuro hijo, fruto de las relaciones con su vecino lleve su apellido y la promesa de que si nacía un niño, se llamara Dionisio. Cuando ya estaba hasta contento por asumir este cargo, algo por lo que pensaba se sentiría orgullosa su Sara, con la que no pudo tener descendencia, se vuelve a repetir una historia ya conocida. Llega la hora del parto, éste se complica y durante el mismo muere la criatura. Este nuevo golpe que le asestó la vida, volvió a ser muy duro para mi hermano, quien pensaba que para remediar desdichas del cielo, poco suelen valer los bienes de fortuna que tenía a su alcance.

Continuará…



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