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miércoles, 3 de junio de 2015

"De señorito a señor" (166)






Los mandó preparar conservados entre grasa en una caja de metal, que antes de vaciarla contenía galletas; añadió morcillas y dos jamones. Lo embaló con mucho esmero y lo metió todo en un baúl comprado a medida, acaldándolo todo muy bien la víspera de partir, y pidió a Diana que lo añadiese como parte de su equipaje, algo que aceptó sin poner ningún obstáculo.

En Madrid durmieron juntos en el Hotel Ritz las dos noches siguientes. Diana quedó deslumbrada en la capital, por los edificios y verse ante tanto lujo. Aceptó gustosa los cuatro vestidos que probó y le compró mi hermano en los paseos por los almacenes de Madrid. Además le pidió que debía de añadir un quinto modelo para entregar a Gloria y otro para Ojos Verdes. Al escuchar este nombre puso cara de no entender nada, pero tampoco puso ningún reparo.

En el aeropuerto, antes de subir la escalinata del avión, dio otro par de besos en las mejillas a Francisco y éste sintió tristeza en su corazón, pues tenía certeza que también, no la volvería a ver nunca más.

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Fue a recogerla al aeropuerto el matrimonio y la tuvieron de invitada en su casa. Ella entregó a Dionisio el escrito de recomendación que portaba nada más que descendió la escalinata del avión. Éste lo dobló y guardó en el bolsillo interior de su chaqueta antes de subir al automóvil para emprender el viaje.

Sus anfitriones querían tener noticias recientes de su amigo, de cómo vivía, en qué pasaba el tiempo… Mientras Diana, de verbo fácil, hablaba y hablaba todas las noches, probaban las excelencias del embutido que llevó en la caja, y según lo saboreaba y comía, una y otra vez, el montañés le preguntaba si ella sabía elaborar aquellos manjares. La respuesta era obvia. En una de estas ocasiones le escuchó comentar a su esposa:

-Por más que nos pese, he de reservar un jamón para Daniel, se lo merece y, seguro, que le agradará probarlo. Es una delicia, está muy exquisito todo.

Fue el momento escogido por su anfitrión. Le hizo la propuesta de adjudicarle un sueldo, casi millonario en España, para que dirigiese la producción de embutidos similares en una de sus fábricas. Ella aceptó al instante empleo y sueldo.

No le resultó difícil encaminarla a una de sus fábricas de conservas de pescado donde estaba al frente Navarro. Le pidió que buscase un local anexo y diese toda clase de facilidades en maquinaria, mano de obra y materia prima para empezar a elaborar embutidos de la mano de Diana.

No tardó en adaptarse al lugar y con gran tino, asesorada en materia industrial por uno de los hijos de Navarro, empezaron a elaborar embutidos de excelente calidad; eso sí, los chorizos y morcillas más picantes que los preparados en Onís. No tardó demasiado tiempo en rehacer su vida. Pronto se encamó con este muchacho, soltero, con el que se casaría a la española y formarían una larga familia muy estable.

Continuará...
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