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jueves, 18 de junio de 2015

"De señorito a señor" (173)



No sé ni cómo, ni por qué, pero al domingo siguiente, dos días después de llegar a Noja en el taxi del Aguachica a quien llamé por teléfono para que viniese a buscarme para llevarme a Noja, Teodoro se presentó por la mañana delante de la portilla de casa en su bici. Los perros ladraron y me pusieron en alerta. Me sorprendí al verle. Me dijo que quería pasar conmigo el día. No podía despacharle a la primera, lo invité a que nos acompañara a la hora de comer. Aceptó gustoso y estuve a su lado el resto del día. Lo llevé a lugares donde estuve muy a gusto con su hermano. Nos sentamos en un prado desde donde teníamos una bella panorámica de la playa de Las Olas. Hablamos de temas intrascendentes. Le gustaba contemplar la mar y me confesó que le gustaba estar conmigo. Nos dimos un beso en los labios antes de marchar y después me pidió acompañarme los domingos que quedaban antes de mi marcha. Enseguida vi en él a una buena persona que me recordaba a mi marido con el que tenía gran parecido. Por ser cuñada, a nadie le parecería mal que estuviese con él, y faltaban sólo cuatro semanas para tomar el vuelo de regreso. Acepté encantada su propuesta.

Al domingo siguiente vino muy contento, compró unos bocadillos en la taberna de Menezo y fuimos a la playa del Ris, al lugar donde siempre íbamos los días festivos cuando tu veraneabas en Noja; sabes donde te digo, Francisco…

Mi hermano asistió con la cabeza y yo recordé mentalmente sus vivencias en ese lugar. Arancha continuó con su relato:

- Empezó a llover, nos resguardamos en el pajar de una cabaña bastante alejada. Teodoro perdió la timidez y nos empezamos a besar con más intensidad. Gratos recuerdos vinieron a mi mente y me dejé llevar. La Naturaleza hizo el resto. No estuve con varón desde la muerte de mi marido q.e.p.d. y para él yo era la primera. La pasión se desbordó. Repetimos al domingo siguiente. Y para mi propia sorpresa, llevé cuenta de cada día de la semana que faltaba para que llegara el día que podría volver a estar con él. Yo creo que en aquel momento necesitaba más sexo que amor. No podía perderle. Se aproximaba la fecha de mi regreso. Fui a despedirme de mis suegros, también padres de Teodoro. Les pregunté si me dejaban llevarlo conmigo para buscarle una buena colocación en Puerto Rico, donde encontraría trabajo fácilmente en la fábrica de tabaco. Su madre creo que se dio cuenta de mis intenciones, después de todo como mujer lo entendía, ya que su hijo escapaba siempre que podía a Noja a estar conmigo. Un poco a regañadientes, pero aceptó que si su hijo quería, lo vería bien; y convenció a mi suegro para que también diese su conformidad. Así que me llevé a Teodoro a América. No me importó gestionar el cambio de fecha y perder el importe del billete de regreso. Nunca dinero fue mejor empleado. Me llevé conmigo a Teodoro.

Hasta que no tuvimos su pasaporte y el visado de entrada que consiguió gracias a que mediante un telegrama pedí que me enviaran un contrato de trabajo en la fábrica, estuve viviendo en su casa y no desaprovechamos ni una sola mañana en la cabaña a donde acudía a llevarle el almuerzo. Tanta pasión y tanta intensidad pusimos desde que el amor acompañó al sexo que, cuando llegué a Puerto Rico,...
Continuará...
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