PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

miércoles, 24 de junio de 2015

"De señorito a señor" (175)






Todo le resultaba tan duro, que ni la propia montaña, que antaño lo tranquilizó, ahora lo conseguía. Regresaba de sus excursiones exhausto, famélico y cansado, cada vez más cansado; tanto que como mejor remedio para consolar sus penas se encierra largas temporadas en su casa donde vive rodeado de libros y recuerdos. Escribe sobre sus apuntes de campo y en demasiadas ocasiones se olvida hasta de comer. Los cinco años iniciales en la vida es toda una eternidad, en la juventud un mundo, en la pubertad no te enteras, y a la edad de mi hermano, un suspiro. Con su estado de ánimo deprimido, que no es capaz de levantar; poco a poco, sin darse cuenta se debilita y adelgaza en exceso porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más. En esas circunstancias, la vida es lenta pero imparable. No tardaría en sorprenderle la muerte.

Como me anunció, dejó hecho testamento y nombrado albacea al padre de Diana. Éste, a su muerte me envió una carta a Madrid, que incluía una copia de sus últimas voluntades, dejándome heredera universal de todos sus bienes, entre ellos, su quintana en Onís y la pensión, que seguía percibiendo mensualmente del Glorioso Banco Nacional.

Al recibirlo, no me queda más remedio que emprender viaje a Onís para arreglar los papeles. Visito su tumba y me hospedo en su casa solariega. Pasé casi un año en Asturias mientras se concluyó el panteón que le mandé construir en el cementerio, idéntico al que tenía dibujado en unos planos, diseñado en La Aldea. Durante todo ese tiempo ojeé muchos de los libros que escribía de botánica, geografía, zoología, astronomía, mineralogía; hasta tenía realizado un estudio meteorológico que incluían temperaturas, precipitaciones, horas, días de sol, y otro montón de estudios con gráficas y textos cuyo contenido no llegué a revisar con suficiente profundidad, porque entre estos libros, perfectamente encuadernados, encontré varios tomos de su diario que me permitieron, después de leerlos, enlazar con los que ya conocía y pude analizar en más profundidad algunas de las vivencias de mi hermano, que en paz descanse. Localizar su álbum de fotos fue como encontrar una ventana abierta desde donde pude observar muchos de los detalles que relataba en su diario. Estaba debajo de su cámara de fotos de fuelle extensible, de la marca Kodak. La trajo consigo a su regreso de La Aldea, junto con muchos de sus recuerdos.

A Onís me llegó una carta de condolencia tras su muerte. La remitía  Arancha, que seguía en Puerto Rico. Tenía fecha de 10 de febrero de 1954 y el sobre llevaba este membrete:

“La Habanera”
 Infanzón V. Rodríguez, Inc.
Cigar Manufacturer´s
Caguas. Puerto Rico

Continuará...
Publicar un comentario