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jueves, 25 de junio de 2015

"De señorito a señor" (176)



Querida Pepita:
Estas líneas son para expresarte el pésame, por el fallecimiento de tu buen hermano, a quien Dios no dudo lo habrá llevado para el cielo.
Hasta ayer no fue que Pilarina me envió tus señas, por cierto que hace días me habían dicho que Francisco tenía intención de trasladarse a vivir contigo a Madrid y que pensaba mudarse luego, naturalmente quedé sorprendida con la triste noticia.
Hace bastante tiempo que no veo a Petronila y Luis, ya que mi trabajo aquí me impide salir tan siquiera un par de días, pues estamos Teodoro y yo solos aquí, y esto es mucho para ser atendido por uno solo, aunque hace como una semana estuve en Mayaguez con la “costilla” y amigos, pero no me fue posible ir a su casa, pues tenía día de juegos y el tránsito por allá era imposible, así que tuve que pasar sin verlos.
Ya sé por la prensa del enorme frío que hace por ahí. Mi tío pensaba venir el domingo para ésta, pero resulta que El Escudo está cerrado y no ve la manera de coger el avión en Madrid, a juzgar por una carta recibida de un cliente de Barcelona, ya que este mismo dice que las únicas comunicaciones son por telégrafo, ojala cambie el tiempo pronto y podamos recibir la correspondencia normalmente como antes, pues hace tiempo que no recibo cartas de mamá, y no hay duda que se debe al que ni por carretera ni por ferrocarril se circula.
Bueno Pepita, termino con besos de quien sabe te aprecia.

   
                        Arancha

                          *****   


Por la lectura de sus diarios conocí también numerosas cosas y acontecimientos que ocurrieron con posterioridad a su regreso a España. Mi hermano mantuvo, siempre que no andaba por los riscos, una correspondencia fluida con Dionisio. Después de todo continuaba siendo su amigo, le seguía tratando como su asesor personal, como cuando cenaban juntos casi a diario mientras le escuchaba con gran interés las opiniones imparciales, casi siempre técnicas. Ahora se las pedía por escrito cuando deseaba conocerlas para alguno de sus numerosos negocios o empresas. Mi hermano le apostillaba en reiteradas ocasiones este mismo argumento: ser su verdadero amigo.

Después de la llegada de Diana, ocurrieron dos cosas que en una misma carta de éste aparecían reflejadas. Una buena y otra mala, muy mala. Explicaba a mi hermano ambas noticias. Con la mala le anunciaba que Gloria, su Chuchina, contrajo también la fiebre amarilla y se esperaba de un momento a otro el fatal desenlace. Sospecho los recuerdos que afloraron a la mente de mi hermano por las situaciones vividas por su amada y recordada esposa. La noticia buena anunciaba que su segunda, Diana, había sido felizmente madre de una niña a la que bautizaron con el nombre de Sara en recuerdo a la difunta, recordada tantas veces por mi hermano cuando andaba de risco en risco por los Picos de Europa en compañía suya. Francisco lloró desconsoladamente en soledad toda la noche por el recuerdo, la emoción y la gratitud
por la deferencia hacia su persona, según dejó escrito en su diario.

Continuará...
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