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jueves, 2 de julio de 2015

"De señorito a señor" (179)






... lo hacía con la primera Gloria y posteriormente, con La Estirada y Ruth, pero esta vez lo hacía solo. No paraba de dar vueltas y vueltas. Cuando se convirtió para todos como algo habitual, empezó a pasar desapercibido o no lo miraban, como lo hicieron recién estrenado. Creo que pretendía que todo el mundo lo viese al volante de su coche nuevo. Nunca hizo ostentación de nada hasta que llegó este automóvil deportivo. Una tarde, días después, cogió las dos de las botellas de pulque que trajo de Catorce y las echó al asiento posterior del vehículo. Aparcó en una zona, próxima al lugar frecuentado con asiduidad donde pasó la noche observando toda la actividad portuaria. Lo dejó cerrado con llave, algo inhabitual pues el coche quedaba abierto, y empezó a dar paseos de un lado a otro, siempre teniendo a la vista su puerto. Realizó bastantes veces el mismo recorrido hasta que sus piernas dijeron basta, y regresó hasta donde tenía el Jaguar. Lo abrió y se puso al volante. Pasado poco tiempo, se quedó dormido asido a él. Se despertó avanzada la noche. En muchas ocasiones había amanecido en este lugar. Sus amigos lo conocían, porque en más de una ocasión tuvieron que ir hasta allí a darle novedades; pero en esta ocasión, parece ser que despertó, salió del vehículo y estiró las piernas. El suave aire que soplaba le despejó y decidió volver a ocupar el mismo asiento. A las cinco de la mañana consideró llegado su momento. Empezó a beber de la botella de pulque, en esta ocasión a morro. Después de ingerir más de media botella y cuando apenas ya no veía, le puso el tapón y la arrojó por la ventanilla, a continuación lo puso en marcha, aceleró y aceleró hasta que el coche saltó por el acantilado saliendo despedido, golpeándose el coche y su cuerpo sobre el cemento del muelle, distanciándose en pocos metros el flamante Jaguar y su dueño, ya cadáver.

La noticia corrió como la pólvora en cuanto se oyó el fuerte ruido y los que dormían en las casetas del puerto salieron a mirar la procedencia del estruendo producido por el impacto del vehículo sobre el cemento del muelle y ver qué sucedía. Reconocieron enseguida el coche y a su ocupante.

Creo que fue su voluntad. Posteriormente se cumplió el primero de sus últimos deseos. Lo enterraron junto a Gloria, su Chuchina, en el panteón diseñado por Francisco, al lado del de Gloria, pero el suyo levantado fuera del cementerio, en la parte ampliada. Los demás deseos que dejó por escrito también se harían.

Todos estos detalles estaban redactados por Acevedo en una carta que le remitió a mi hermano, que no llegó a abrir, pues la muerte le sorprendió bastante antes de que llegase. A punto de terminar las obras del cementerio y de regresar yo a Madrid llegó el escrito y leí su contenido. La deposité en su tumba junto con un ramo de flores el día que trasladamos sus restos al panteón recién concluido en el cementerio de Onís.


                                     *****

Al heredar sus sobrinos, ninguno de ellos abandonó el campo, ni Noja, pero tomaron criados para que lo atendiesen. No volvieron a tirar del ramal de un carro, herrar un caballo, coger el dalle, ordeñar una vaca, trabajar la huerta…, salvo los que lo hacían...

Contunuará...
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