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miércoles, 8 de julio de 2015

"De señorito a señor" (181)






… punto, que me pasó por la cabeza comprar una segunda vivienda en la sierra para cuando apretaba en exceso el calor, desplazarme a un lugar así. Sin contar con ella, recibí una carta remitida a mi domicilio de la Avenida de Portugal, 109, de la capital de España, con fecha 11 de junio de 1952, por mi amigo José Pedro, quien acabaría siendo mi esposo, en esa fecha director de los Apartamentos Juan de Austria. La conservo, y decía lo siguiente:

En El Escorial, real sitio de tradicional descanso para los que, como usted ejercen sus profesión en Madrid, le hemos preparando los apartamentos JUAN DE AUSTRIA para que en ellos pueda olvidarse de las tensiones modernas que producen el tráfico, la aglomeración, los humos y la prisa en la que usted se ve sumergida, cuando cumple con su obligación profesional.

Olvide también, de momento, las ventajas que en estos casos suelen enumerarse: cercanías de la puerta del Sol o de la Plaza de España, revalorizaciones espectaculares, rentabilidad asegurada, enormes facilidades de pago,…etc. “Don Juan de Austria” las tiene también pero - como gran caballero que es -, tan sólo pretende invitarla a usted para ese descanso a que tiene derecho.

Tenemos ya totalmente decorados apartamentos piloto para que usted adquiera desde el primer momento de su visita la vivencia de un lugar de reposo bien pensado para sus necesidades y bien llevado a cabo. Es totalmente una idea; usted después la completa a su gusto.

El día que a usted mejor parezca, entre con alguno de sus amigos o amigas en su automóvil, tome el plan de paseo por la carretera de Las Rozas a El Escorial, y en el kilómetro 28,400, frente a los Escoriales, le estará esperando el “Don Juan de Austria“. Una vez allí, sin presiones de ninguna clase, déjese convencer por las realidades que él le ofrezca.

Hasta pronto. La esperamos con el único deseo de serle útil y proporcionarle una verdadera solución al problema de su descanso.

Mientras tanto le saluda,

            Atentamente
 
                          José Pedro Velasco.

Lo acabé comprando. Poco a poco fui llevando a la nueva casa mis libros y, entre ellos, no podían faltar todos los diarios de mi hermano. Empecé a redactar esta historia sobre su vida, despacio, pero sin pausa. Cada día me implicaba más en la redacción, incluso llegué a pasar noches en vela pensando en la forma que debería dar a cada frase para que mis palabras no modificaran nada el contenido de los diarios. Reflexionando, llegué a la conclusión que debería de cambiar los nombres propios de todos los personajes, incluso el de mi hermano, el mío propio y de muchos lugares, para que nadie se sintiese identificado u ofendido. A Francisco no le habría gustado; por este motivo tomé tal decisión. Así que si alguien se cree personaje de esta historia, será pura coincidencia. Cuando terminé, tuve la impresión de que me había extendido...

Continuará...
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