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viernes, 30 de octubre de 2015

Luces en la mina de Arnao (3)

                                                              Candiles y candilexas.


 II. La Real Compañía Asturiana de Minas

 El 14 de noviembre de 1833, una Real Orden concede los yacimientos de carbón de Arnao y Santa María del Mar a la Real Compañía Asturiana de Minas.

El primer director, Armando Nagel, ingeniero de minas belga, llegó a Arnao días mas tarde, el 25 o el 26 de noviembre, acompañado de dos maestros de mina de la misma nacionalidad. Se inician los trabajos de explotación el 20 de diciembre del mismo año 1833.  Sobre el lugar en que se emprendieron el director de Arnao explica por escrito a Nicolás Max Lesoinne, socio fundador de la Compañía: en el punto que me habéis designado en vuestro viaje de entonces, me ha parecido el más favorable… para llegar al carbón en menos tiempo (1). Sería el lugar conocido como el Pozo Grande.En todo momento, tanto Armando Nagel, hasta que fue nombrado Director de las Minas de Langreo en 1839, como su sucesor, el también ingeniero de minas belga Adolfo Desoignie, estuvieron asesorados por Guillermo Schulz y por Adolfo Lesoinne, hijo de Max, quien ejercía de profesor en la Escuela de Minas de Lieja (Bélgica) y realizaría varios viajes de trabajo a Arnao con esta finalidad.

Desde el comienzo de la actividad, la Real Compañía Asturiana de Minas se preocupó en introducir los adelantos técnicos necesarios para una más adecuada y rentable explotación de los yacimientos. Así fue instalado en el interior de la mina el primer ferrocarril minero asturiano del que tengo constancia, utilizado para el arrastre del carbón y los materiales, pese a las dificultad añadida que suponía el desnivel del filón principal que discurría por debajo del mar.

Parece lógico pensar que también los avances técnicos relacionados con la iluminación minera llegarían de la mano de los mencionados técnicos. Las minas de carbón de la Real Compañía Asturiana, dadas las propiedades del mineral extraído, no eran grisuosas y, por tanto, nunca tuvieron necesidad de emplear para su laboreo lámparas de seguridad, servían las de llama libre. Eso no quiere decir que inicialmente no llegase también desde Bélgica alguna lámpara de seguridad para utilizar o hacer comprobaciones en momentos puntuales, aparecen documentadas a partir de 1894.

(1)    Carta de Armando Nagel a Max Lesoinne. 1-enero-1834. (Archivo Histórico de Asturiana de Zinc). 
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