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jueves, 26 de mayo de 2011

ME VIGILABAN





O al menos esa fue la sensación que percibía de los mineros pintados en dos cuadros cuando los miraba sin gafas. Estaban colocados en las proximidades de donde yo tenía expuestos mis libros y unas fluoritas de Berbes y Solís, que no recibieron especial atención en la feria de Cagnac les Mines en Francia.
En cambio, sí me preguntaron varias personas por la intención de conseguir un ejemplar de Luces en las minas de Asturias (2005), ya agotado.
Preguntaban, como era lógico, por la lámpara de Tombelaine, francés que patentó en Madrid una lámpara de seguridad, y que ocupa un apartado en mi obra Luces en las minas de Asturias: Lámparas de seguridad (2010).
Entrañable fue, en un momento puntual de la jornada del domingo, cuando marché a ver los bailes occitanos en el otro extremo del polideportivo donde se celebraba la muestra; al regresar, estaba plantada delante de mis libros una chica bastante joven, que llevaba en la mano una postal del Museo de la Minería de El Entrego, que no conocía, y ansiaba tener noticias sobre el mismo, argumentando que su abuelo había trabajado de minero en el pozo San Vicente.
Tuve ocasión de hablar también con personas, cuyos antepasados habían sido mineros en Asturias y otras partes de España; fueron a trabajar en las minas de Carmaux, sus descendientes continúan hablando español con dificultad, pero ansiaban que les recordásemos y hablásemos de España, que aún llevan en sus genes. Fueron momentos entrañables, difíciles de olvidar.
Uno, me argumentó en una cena: Celebramos el triunfo de España en el mundial de fútbol más que los españoles. Salimos a la calle con la bandera y con orgullo.

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