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miércoles, 7 de enero de 2015

Languideciendo


Esta bonita imagen con una lámpara de seguridad Adaro, fabricada en Gijón,  me la envió mi amigo José Luis. Con una de las laderas del Valle de Turón como fondo, esta fotografía tomada a contraluz, me da pie a plasmar en un comentario la realidad actual de este valle de la Cuenca Central Asturiana y de otros anexos con los mismos problemas: Se quedan despoblados.

Antaño, no hace demasiadas décadas eran un hervidero de vida y riqueza. Todo procedía de la actividad hullera, primero de las entrañas de las minas excavadas en las laderas de las montañas y posteriormente en las galerías de los pozos. Capitalistas trajeron dinero, técnicos para dirigir el laboreo y numerosa mano de obra necesaria para arrancar el mineral.

Los filones del mineral siempre fueron difíciles de explotar. No se presentan en capas horizontales, lo que hubiese permitido la llegada muchos años antes de la maquinaria moderna. El laboreo se inició de manera artesanal; la pica regadera y posteriormente, los martillos neumáticos, obligaban al empleo de muchos operarios. Tardaría en llegar la mecanización. Hace poco llegó el cierre.

Los jóvenes nacidos en las Cuencas no tienen en las minas el futuro laboral; los que sí lo tuvimos, casi sin darnos cuenta, hemos visto cómo nuestros hijos han tenido que salir de ellas en busca de futuro más allá del Puerto Pajares. Hemos visto nacer a nuestros nietos fuera de Asturias y, con suerte, te preguntan para qué se utilizaba la lámpara que a diario les contempla crecer desde el mueble de la tele, aunque pase totalmente desapercibida para ellos.

Cuando vuelven, sí van detallando los establecimientos comerciales que van echando el cierre y perciben que cada vez hay menos gente en las bulliciosas calles que antaño delataban riqueza y vida.

 Los camiones cargados de dinero que llegaron de Europa en forma de fondos mineros, con el fin de revitalizar las Cuencas creando riqueza y empleo, fueron gastados por los dirigentes políticos de la mejor forma para enriquecerse con ellos de manera rápida y fraudulenta y, lo más triste, con bula para eximirse de cualquier responsabilidad. A fecha de hoy no conozco a nadie que haya devuelto un euro. 

Los proyectos que cristalizaron en obras, a día de hoy está demostrado que han sido en la mayoría de los casos un fracaso porque no han supuesto un avance para la sociedad a donde iban destinados los fondos mineros. Una ocasión perdida porque se dispusieron de medios y sobraron ladrones. 


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