PUBLICACIONES

http://lucesenlasminas.com/

martes, 29 de diciembre de 2009

PRÓLOGO DE "LUCES EN LAS MINAS DE ASTURIAS: CANDILES DE SAPO" (5) por Pedro Fandos Rodriguez

Pues no. El mismo siglo XX viviría hacia su recta final el cierre casi generalizado de las minas europeas más históricas, tanto energéticas como metálicas (1). Se abría con ello la galería de la memoria y en ella luce, ¡por fin!, nuestro humilde candil como elemento al que se le confiere –más vale tarde que nunca- la dignidad que se merece por haber sido fiel compañero de la vida, y en demasiadas ocasiones testigo de la muerte, de millones de mineros en los momentos más duros y más oscuros de esa actividad sin la cual la cultura actual hubiera sido imposible.

Una de las primeras monografias sobre el tema de las lámparas de mina es la que publicó José Manuel Sanchis Calvete en 1990 bajo el título de “Luz en la mina: del candil a la lámpara eléctrica” en la cual hace un completo recorrido por diversos tipos de lámparas europeas y norteamericanas. Cuatro años después los franceses Michel C. Dupont y Gil Lebois publicaron, bajo el auspicio del Museo de la Mina de St. Etienne, un libro de extraordinaria factura titulado simplemente “Les lampes de mine”. En el año 2000, otros dos franceses, Michel Bonnot y Marcel Humbert-Labeaumaz, sacaron un libro que de algún modo complementaba al anterior, si bien con factura editorial mucho más humilde, como corresponde al propio protagonista de sus 207 páginas. Lo dedicaron casi exclusivamente al candil de mina que los mineros estefanienses llamaron “rave” (naba) por su forma parecida a la raíz de las brasicáceas. Titularon el libro “Lumieres dans la mine: les raves ou l’histoire du crézieu stéphanois. Cualquiera que haya visto una naba colgada de su largo radículo comprenderá la gráfica denominación que los picadores estefanienses dieron a los candiles que para nosotros son de “sapu” por la siempre extraña deriva que la etimología minera adoptó en nuestra tierra. Por el contrario, otro tipo de candil, de evocaciones medievales, al que los franceses denominaron “crapaud” (sapo) y los alemanes “frosch” (rana) en función de una cierta semejanza a los batracios, no recibió en las minas asturianas, relativamente recientes frente a las centreuropeas, ningún nombre específico, y así nos quedamos con el “sapu” que sin duda debieron de introducir los ferreros vascos pues de origen euscaldún (“zapoa”) es el castellanizado “sapo”.

En cualquier caso, desde aquellos magníficos libros franceses, tuvimos que sufrir los españoles, y especialmente los asturianos, la afrenta de que nuestra tierra, con su acreditada historia minera, avalada incluso por dos escuelas técnicas de demostrado prestigio, careciera de publicaciones similares, con ejemplares y textos autóctonos sobre las lámparas de mina. Habría de ser en este año 2005, que ya se nos escapa con su cuarto centenario del Quijote y su sesquicentenario de la Escuela de Minas de Mieres, cuando un simple y a la vez gran maestro mierense, Alberto Vilela Campo, pusiera fin a tan imperdonable vacío para afrenta de la legión de técnicos que por las minas hemos pululado. En su primer libro, al igual que Dupont y Lebois, Vilela dedicó la mayor parte a las lámparas de seguridad. Quedaba, pues, pendiente el necesario homenaje al modesto pero extraordinario candil de mina y si los franceses ya cuentan con el adecuado monumento historiográfico a su “rave”, nosotros, gracias de nuevo a Alberto Vilela, hacemos los propio con nuestro “sapu”. Enhorabuena y muchas gracias.


(1). Tan sólo en España, quizá el país del mundo con mayor número de yacimientos históricos -algunos de los cuales se citan ya desde tiempos bíblicos- las dos últimas generaciones hemos sido testigos del cierre de minas milenarias como las de Rio Tinto, La Unión y Cartagena, Linares y La Carolina, Belmez y Peñarroya, Villanueva del Río, Almadén, Hiendelaencina, Suria y Cardona, Somorrostro, Reocín y, si nadie lo remedia, las ya bicentenarias minas de carbón asturianas. Cuesta trabajo aceptar que la consabida disculpa del agotamiento de reservas, haya confluido en estos años en yacimientos tan distintos y tan distantes, pero ese es un debate ajeno a nuestros actuales propósitos.



Publicar un comentario