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lunes, 28 de diciembre de 2009

PRÓLOGO DE "LUCES EN LAS MINAS DE ASTURIAS: CANDILES DE SAPO" (4) por Pedro Fandos Rodriguez




En lo que restaba de siglo XIX y hasta bien entrado el XX serán numerosísimos los tratados de laboreo en los cuales la lámpara de seguridad pasa a ocupar un capítulo significativo mientras que su compañero el candil apenas aparece en unas líneas al inicio del tema. La relación sería interminable pues podría decirse que cada profesor de cada escuela quiso dejar a la posteridad su propio tratado de laboreo. Sin ánimo de exhaustividad una relación cronológica de tratados, redundantes todos sobre esquemas apenas inmutables son:

1829, Brard, “Elémens pratiques d’exploitation”

1844, Combes, "Traité de l’explitation des mines”

1859, Burat, “Traité du gisement et de léxploitation des minéraux utiles”

1874, Callon, “Cours d’explitation des mines”

1879, Demanet, “Cours d’exploitation des mines de houille”

1880, Garreau, “Cours d’exploitation des mines”

1888, Evrard, “Traité pratique de l’explitation des mines”

1889, Malo de Molina, “Laboreo de minas” (Vol. Atlas y Vol. Texto)

1895, Cambessedes, “Cours théorique et pratique d’exploitation des mines”

En esta relación no debe faltar el trabajo por el que fueron premiado en concurso publicado en 1879 dos ingenieros españoles, Amalio Gil y Maestre y Domingo Cortazar. Se trata del trabajo “Historia, descripción y crítica de los sistemas empleados en el alumbrado de las excavaciones subterráneas. Nuevo método de iluminación en las minas” que sería publicado al año siguiente convirtiéndose desde entonces en un clásico imprescindible en cualquier estudio sobre la materia. Sería base fundamental y en ocasiones única para muchos otros trabajos que a partir de entonces aparecen en apuntes y revistas como por ejemplo el que publicará Carvajal en 1941 titulado “El alumbrado en las minas".


Ya en el siglo XX, en 1908, los ingenieros alemanes Heise y Herbst, director y profesor respectivamente de la Escuela de Minas de Bochum, publican en dos volúmenes un tratado de laboreo de minas que habría de ser el nuevo vademécum de laactividad. En 1911 lo traducen al francés los también ingenieros Bousquets, Dupont y Bouzanquet. La difusión en España de este modélico curso de laboreo llega tras la Guerra Civil, en 1943, mediante la traducción y ampliación que el ingeniero José Castells hizo de la obra de Hellmut Fritzsche el cual, a su vez, había ampliado la de los citados Heise y Herbsts. Se cerraba así un círculo bibliográfico que marcaría la enseñanza del laboreo de minas durante varias generaciones. Pues bien, a lo largo de este dossier bibliográfico, paradigma de los muchos publicados en la primera mitad del siglo XX, un cambio afectaría de nuevo a la “oscura” página de la iluminación; un cambio nimio pero fundamental y quizá injusto: el candil de mina, que en la obra de Heise y Herbst en 1908 ocupa una escueta página, desaparecía totalmente en la obra de Castells en 1943 (1).

El milenario y modesto candil, que apenas llegó a disponer de insignificantes imágenes en las obras del Renacimiento y de escuetas líneas en los tratados de laboreo del siglo XIX, quedaba en el primer tercio del XX olvidado definitivamente. ¿Definitivamente?


Sigue...



(1). Comentario aparte merecerían, no obstante, las lámparas de carburo que continuaron siendo usadas en minería metálica y en espeleología.


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