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viernes, 24 de febrero de 2012

"El Comandante Minero" en Bilbao




Combatimos en el centro del frente. Ellos llevaban una táctica militar muy bien preparada. Bien temprano atacaban con fuego del fusil, pretendiendo que creyésemos que venían sobre nuestras posiciones, pero lo hacían para conocer el lugar exacto donde estábamos. Si respondíamos a su fuego de fusil, llegaban las escuadrillas de bombarderos que sembraban de bombas las montañas donde estábamos. Además otras escuadrillas de caza que volaban muy bajo, ametrallaban en las carreteras a cualquier objeto que se moviese. Luego venían aviones con bombas incendiarias que hacían arder todo. Después de soportar todas esas bombas iban avanzando sus columnas por los dos extremos haciendo una pinza, quedando nosotros en medio. Por este motivo encontrándonos a cuatro o a ocho kilómetros del frente, siempre en retirada, teníamos que aprovechar la noche para retirarnos todavía más a otras posiciones. Todo el servicio de munición, rancho en frío y demás, tenía que organizarse de noche para andar de día lo más ocultos posible.


Estuvimos dos meses por los frentes de Bilbao. Pudimos comprobar la ayuda que recibían los nacionales. Las bombas de artillería caían de día y de noche sin cesar. Nuestra labor sólo la podíamos hacer lanzándonos sobre las posiciones enemigas por sorpresa con nuestra bombas de mano, las armas más eficaces de que disponíamos. Hubo una posición que se llamaba Peña Limona en las proximidades de Bilbao que durante ocho días seguidos la conquistamos de noche con los batallones vascos, pero de día se volvían a perder porque no podía sostenerse...

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