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sábado, 9 de noviembre de 2019

La leyenda del millonario

"La leyenda del millonario", nueva novela de Alberto Vilela

El maestro mierense, experto en lámparas de mina, sorprende con una historia que entremezcla ficción y realidad


09.11.2019 

domingo, 10 de marzo de 2019

Novela "El comandante minero"


Mi amigo Ramón Villa ha realizado un comentario a una de mis obras: a https://www.facebook.com/ramon.villa.7549/posts/2431774706873831?notif_id=1552236995845220&notif_t=mention

Hola, b noches:
Un amigo me ha recomendado el libro de Manuel Leguineche “ Topos”, sobre los soldados del ejército republicano que permanecieron ocultos en zulos en las casa de sus familias y de amigos, una vez finalizada la Guerra Civil. Este libro me hizo recordar un libro que leí hace un par de meses y me gusto mucho. Me refiero al libro de mi amigo Alberto Vilela Campo, poseedor del blog y la página de FB Luces En Las Minas, además de editor y conocido escritor Mierense , “ El Comandante Minero”. No me casare de recomendar dicha obra. 
Esta novela es de un gran realismo descripitivo y abunda claramente en lo documental o novela testimonio de unos hechos acaecidos en la historia española de la primera mitad del siglo XX. En este sentido destaca grandemente un cierto costumbrismo asturiano, pues en gran medida se ambienta en las tierras del Principado, cuna del novelista; también aporta un caudal informativo militar soble la guerra española de Marruecos y la posterior guerra civil ( o incivil) española , con las duras consecuencias revanchistas de la postguerra franquista, de los nacionales contra los republicanos, en cuyo bando militó y luchó nuestro protagonista, pasando por la clandestinidad durante varios meses. En varios capítulos de esta narración, el autor nos cuenta cómo vivían ocultos en el monte, en zulos, en cuadras , en pajares los soldados republicanos una vez perdida la Guerra.
Al estar escrita en un punto de vista de primera persona central, esto le da gran amenidad y verosimilitud. El Autor hace una descripción magnífica y muy real, de cómo era el trabajo en las minas en el primer tercio del Siglo XX. Siendo muchas las peripecias narradas, con detallismo casi fotográfico del paisaje y paisanaje costumbrista del hábitat minero de las Cuencas.
Los ejemplares de este libro se pueden encontrar en el blog del autor, luces de las minas, ya que en los circuitos comerciales están agotados.

¡Gracias Ramón!

viernes, 26 de octubre de 2012

Final de una etapa


Durante muchos viernes he ido publicando fragmentos de la novela El Comandante Minero, que podéis volver a leer señalando este título en el margen derecha del blog: TEMAS
A los lectores he de agradecerles la acogida que han tenido los comentarios y la obra; pero, he de dar por concluido este apartado, dejando siempre abierta la posibilidad de responder a cualquier pregunta sobre algún punto concreto de la misma, de manera individualizada.
El motivo fundamental de la decisión es que, durante todo el verano, he estado concluyendo mi segunda novela: De señorito a señor y, pretendo que ésta ocupe su lugar todos los viernes.
Teniendo en cuenta los momentos actuales y que quiénes escribimos nos gusta que nuestro trabajo se divulgue, he pensado que en esta ocasión, en vez de fragmentos aleatorios, irá publicada la obra completa y de manera continuada. La semana que viene daré otros detalles. 

viernes, 20 de julio de 2012

"El Comandante Minero" y Tere

                                Foto gentileza de José Luis Gómez

Sin ninguna explicación previa, sin ningún titubeo en sus palabras, me dice:
-Soy el padre de la esposa de Silvino. Sé que tú eres su “puta querida“.
Al escuchar sus palabras, parece como si un rayo me atravesara y paralizara todo mi cuerpo. Daba la sensación que las olas del mar embravecido que momentos antes admiraba en aquel cuadro, habían saltado desde el lienzo y me salpicaban. Fui incapaz de contestar nada. Creo que traía una estrategia muy bien preparada, pues continuó:
-Quiero que dejes al marido de mi hija. A cambio puedes pedirme lo que quieras, lo tendrás.
Tal vez porque conocía que la unión que existía entre Silvino y yo sería imposible de romper, sin esperar ninguna respuesta por mi parte añadió:
-Aunque si quieres seguir con ese hijo de puta, te voy a proponer que seas mi puta una vez a la semana, el resto de los días serás para él. A cambio de esto, aún puedes pedirme lo que quieras, lo tendrás.
Después de un pequeño espacio de tiempo en silencio añadió:
-No te queda otra opción, escoge entre una cosa u otra.
Según como devolvió mi mirada, supongo que la cara que le puse fue como para comerlo vivo, ignoro también el color que tomó, pero saqué fuerzas de flaqueza y pude responderle:
-Necesito una semana para pensarlo.
Se levantó y me dijo antes de abrir la puerta:
-¡Aquí dentro de siete días!...

viernes, 13 de julio de 2012

"El Comandante Minero" en Gijón

Foto gentileza de José Luis Gómez.

Estando en la villa de Jovellanos pude desplazarme un día a Cenera a ver a mi familia. Al llegar los encontré pasando mucha hambre.
Las premoniciones de Julia se quedaron cortas. Esa misma noche cogí a los tres y los llevé conmigo a Gijón donde teníamos una amistad en cuya casa pude dejarlos. Para que no fuesen una carga a estos amigos que los recogieron, había mucha escasez de alimentos entre la población civil, gestioné en la Comandancia unos vales militares para recoger suministro y con ellos comían todos.
Cuando acabamos en la academia me destinaron a La Peral en Avilés, donde se organizó de nuevo el batallón, que pronto debía de estar operativo para atacar las posiciones del enemigo.
El 1 de agosto de 1937 se prepara una ofensiva sobre los montes llamados El Cimero y otros. Salimos la noche del 31 de julio para colocarnos en las faldas de este monte. Como muchas veces me ocurrió en esta guerra, la estrategia estaba muy bien organizada en teoría; después a la hora de ponerla en práctica no funcionaba o funcionaba muy mal. Teníamos establecida una línea telefónica hasta la misma falda del monte y hasta después de que fuese tomado éste, seguiríamos comunicados con el teléfono que llevábamos. La orden dada era que tendríamos aviación y artillería suficiente para deshacerles las alambradas preparadas alrededor de la posición. No era, por tanto, necesaria la sorpresa en esta ocasión.
Estaba previsto que, después de una buena operación artillera y de intensos bombardeos de la aviación, ordenarían subir.
Antes del amanecer estamos desplegados en nuestras posiciones; amanece y esperamos el fuego de la artillería...

viernes, 6 de julio de 2012

"El comandante minero" en el frente de Oviedo


Foto gentileza de José Luis Gómez

Los demás fuimos engañados y traicionados.
Muy desmoralizados pudimos llegar a Villablino en un ferrocarril de vía estrecha. El alcalde organizó lo que pudo para buscarnos comida y alojamiento que permitió levantar algo nuestro ánimo. Así estuvimos ocho días, engañados no es la palabra pero sí el resultado, esperando recibir las armas que nos tenían prometidas y que nunca llegaron. Pasaron esos días y ya, cansados y aburridos de lo que aquellos momentos resultaba para nosotros una situación desesperante, cogimos unos autocares de vuelta a Asturias.
Parecía que funcionaban mejor las cosas en Mieres. Nada más descender de los autocares, proceden a organizarnos en batallones y a todos los de Cenera nos enrolan en uno, que acabaría llamándose Arturo Vázquez.
En Oviedo tenemos todo el perímetro de la ciudad controlado y a nuestro batallón lo llevan a una posición cerca del Cristo de las Cadenas aquel...

viernes, 29 de junio de 2012

"El comandante minero" en Loredo


                                  Foto gentileza de José Luis Gómez

Traía mala cara, que en ocasión como ésta es siempre el espejo de los sentimientos más profundos. Nos saluda de esta forma:
-¡Malas noticias!
Continúa hablando:
-Al poco tiempo de marcharos, llegaron los guardias a la casería de la Llosa Fonso. Cuando llegaron, la mujer estaba con nosotros a llevarnos los víveres. La hija al verlos llegar, quiso salir de la casa para avisarnos.
Les dispararon a todos y sabemos que uno está muerto. También oímos los llantos de la hija, no sabemos si por el muerto o porque podía estar alguno más herido. Quisimos acercarnos para ver si podíamos hacer algo, pero dispararon sus fusiles. Tenemos al compañero de Turón herido en una pierna. No puede andar. Le sacamos en hombros hasta el refugio. Antes del mediodía, a Florín le dio tiempo a ir a Meruxeo, el pequeño pueblo que está entre Canga y Villar. Habla con un amigo que teníamos en ese lugar y le encarga medicamentos y vendaje para poder atenderlo. Por la noche ya disponemos en nuestro refugio de vendajes y medicamentos suficientes para realizar las primeras curas y podemos atenderle mejor. La herida no paraba de sangrar, no podíamos continuar con el herido en estas condiciones. Esa misma noche hubo que desplazarse por varios sitios donde conocíamos tenían refugios otros compañeros, que pudiesen recoger al compañero herido para que lo atendiese un médico. Decidimos llevarle detrás de Requejado cerca de Mieres, al refugio que estaba más cerca de Turón, donde vivía su familia y que reunía mejores condiciones para acogerlo.


viernes, 22 de junio de 2012

"El Comandante minero" escondido

Foto gentileza de José Luis Gómez.

El peligro, una vez más, a mi lado, lo noté aquel día muy cerca. La noche siguiente abandoné el lugar que tan generosamente me había acogido.
Enlazo con un compañero de quien sabía que permanecía oculto en una casa cerca de la escuela de Valdecuna en casa de sus padres: Florín. Cambiamos impresiones y como era preciso continuar hablando, me invita a que me quede con él, pues su padre estaba conforme. Estando juntos le pregunto por refugios. No tenía nada preparado. Reconocimos la vivienda, la pumarada y los prados. Analizamos la situación. La casa estaba sola en mitad de una finca. Empezamos a pensar el modo de cómo hacer un refugio, no podía repetirse lo de la noche anterior. No teníamos ideas claras ninguno, no veíamos nada, no se nos ocurrió nada esa noche. Seguíamos poco inspirados, preocupados y pensando, hasta que felizmente dimos con la idea de cómo hacer el necesario refugio.
En la cocina de leña, el horno estaba metido debajo de un terrero de la huerta. Entraríamos por la boca de aquel horno y abriríamos una galería pequeña como si fuese de una mina que saldría a un reguero de otra finca que estaba situada más baja. Había mucho que picar y de día no lo podíamos hacer. De noche abrimos la galería que tenía unos cuarenta metros de largo. La tierra que extraíamos era necesario desparramarla para que pudiera ser ocultada en la huerta. Empleamos varias semanas en su construcción, por la mañana su padre se encargaba de cavar donde echábamos la tierra y sembraba encima algunas berzas, repollos y lechugas. Después de construida reunía unas condiciones excelentes. Permanecimos allí unos cuantos meses ocultos. Nos encontrábamos bastante seguros. En ese tiempo sufrimos muchas batidas, pero nunca dieron con aquel refugio...


viernes, 15 de junio de 2012

El Comandante Minero va a la guerra de Marruecos

Foto gentileza de José Luis Gómez

Nadie vio con extrañeza que anduviésemos más agarrados que nunca los que teníamos moza, pues las formas en el pueblo se cumplían a rajatabla.
Teníamos una ley no impuesta por nadie, pero que todos respetaban; de lo contrario, los adjetivos que caían sobre la moza y su familia eran temibles. En el pueblo había quien sufría con nosotros en esta despedida y quien celebraba que nos fuésemos. Lo que para unos era blanco, para otros era negro.
Nos concentramos todos delante del Palacio de Abajo y entonces fueron muchos los que decidieron acompañarnos en el trayecto, lo hicieron sobre todo nuestras novias y los familiares más allegados. Yo pedí a mis hermanos que no bajasen. Todos llegaron hasta El Pedroso. Julia también vino. Apuramos todo el tiempo que pudimos estar juntos. Yo la llevaba cogida de mi mano.
Llegó el momento de continuar el camino, pero sólo en compañía de los que íbamos a coger el tren en la estación de Ujo. Nos dimos el último beso. Entonces, cogiendo mi mano, la puso sobre su tripita y me desveló su secreto. Dijo:
-¡Tu hijo y yo te esperamos!
-¡Vuelve pronto!
Me entraron ganas de llorar. Solo acerté a contestar:
-¡Te quiero! ¡No os olvidaré!
Noqueado por la noticia, no escuchaba que desde lejos me llamaban a voces los compañeros:
-¡Vamos, Damián, que vas a perder el tren!
Tuve que echar a correr para alcanzarlos. Cuando llegué donde iba el grupo, miré hacia atrás y vi que todos habían emprendido el regreso.
Aún permanecía allí. Su silueta a contraluz contrastaba con el entorno; entonces levantó la mano para decirme adiós. No pude aguantar más la fuerza emocional de ese momento y mis lágrimas afloraron de mis ojos y descendieron por mis mejillas…

viernes, 8 de junio de 2012

"El Comandante Minero" y la historia de Tere


                                   Foto gentileza de José Luis Gómez

Soy el padre de la esposa de Silvino. Sé que tú eres su “puta querida“. Al escuchar sus palabras, parece como si un rayo me atravesara y paralizara todo mi cuerpo. Daba la sensación que las olas del mar embravecido que momentos antes admiraba en aquel cuadro, habían saltado desde el lienzo y me salpicaban. Fui incapaz de contestar nada.
Creo que traía una estrategia muy bien preparada, pues continuó:
-Quiero que dejes al marido de mi hija. A cambio puedes pedirme lo que quieras, lo tendrás.
Tal vez porque conocía que la unión que existía entre Silvino y yo sería imposible de romper, sin esperar ninguna respuesta por mi parte añadió:
-Aunque si quieres seguir con ese hijo de puta, te voy a proponer que seas mi puta una vez a la semana, el resto de los días serás para él. A cambio de esto, aún puedes pedirme lo que quieras, lo tendrás.
Después de un pequeño espacio de tiempo en silencio añadió:
-No te queda otra opción, escoge entre una cosa u otra.
Según como devolvió mi mirada, supongo que la cara que le puse fue como para comerlo vivo, ignoro también el color que tomó, pero saqué fuerzas de flaqueza y pude responderle:
-Necesito una semana para pensarlo.
Se levantó y me dijo antes de abrir la puerta:
-¡Aquí dentro de siete días!
Salió y yo bajé descontrolada hasta mi oficina donde me dedicaba a leer y distribuir una parte de los expedientes que llegaban. No veía las letras...

viernes, 1 de junio de 2012

"El Comandante Minero" torturado


                                    Foto gentileza de José Luis Gómez

El día del traslado nos acompaña un cabo de los de asalto, que estuvo presente en el cuartel hasta que nos subieron al camión.
Cuando estaba el motor en marcha, los de asalto se despiden de nosotros y se van, pero sin avanzar más de veinte metros, el camión se detiene. Me llaman por el nombre y me dicen que baje. Me hacen pasar al cuartel y me conducen hasta la puerta donde estaban las camas del cuerpo de guardia. Yo no conocía al sargento Bonete, pero la descripción de la cara de mala uva, rencor y odio que irradiaba el rostro de aquel ser humano que me habían descrito en diferentes ocasiones, lo experimenté cuando estuve ante su presencia.
Vestido de paisano y con mirada de odio empieza a interrogarme. Para que me fuera preparando, antes de mediar una sola palabra por mi parte, me da una patada en el vientre y me tira al suelo. Comienzo a darme cuenta de quién es y lo mal que lo tuvieron que pasar nuestros familiares cuando él los interrogó. Me pisa. Los guardias que estaban acostados se levantan de sus literas y desde el fondo empiezan a animarlo:
-¡Mátale!
Decían unos.
-¡Es poco, dale más!
Oía decir a otros.
Me obliga a levantarme y ya de pie empieza a darme bofetadas y puñetazos. Me encontraba en un estado de ánimo, que recibía todo con total sangre fría, que si entonces me matan, no lo hubiese sentido.
Lo que buscaba con la paliza que me propinó era humillarme ante los guardias que estaban en el cuartel en aquel momento, para luego presumir y estirar el cuello. Una vez conseguido lo que pretendía, me arrastran y me suben masacrado al camión entre dos guardias. Entonces...

viernes, 25 de mayo de 2012

"El Comandante MInero" se despide en el año 1936


                                  Foto gentileza de José Luis Gómez.

Recuerdo sobre todo el de la última vez cuando le dije que ya no iba a poder seguir volviendo a casa como habitualmente hacía hasta entonces desde que me incorporé a la guerra.
Cuando intentaba convencerla de que si triunfáramos, sería mejor el futuro de todos los mineros y en especial el de nuestros hijos, y le añadía que estábamos en el buen camino para conseguirlo, que la moral en el cerco a Oviedo seguía siendo muy alta entre nuestras tropas, entonces detenía mis argumentos con elevado tono de voz, lanzándome un dardo envenenado contra mis ideales:
-Sólo hablas de utopías.
Yo la escuchaba. Una y otra vez me lanzaba argumentos razonables, que para cualquier persona sin los ideales que tenía yo en el corazón, hubiesen sido suficientes:
-Si no estás en casa, no trabajas.
Yo seguía escuchando y sufriendo:
-En casa no hay dinero.
Lo sabía. Luego me hizo una pregunta en voz muy alta:
-¿De qué van a comer tus pobres hijos Aurora y Dimas?
Y seguía...
-¿Tu crees que todos esos “grillos” que tienes en la cabeza les van a dar de comer?
No encontraba ni argumentos, ni palabras. Sólo le respondía:
-Va a ser por poco tiempo.
Su respuesta fue terrible:
-Ya veo que me quieres ver de puta de Marcialón o Frodixio para poder dar de comer a tus hijos…

viernes, 18 de mayo de 2012

"El Comandante Minero" en 1936

Foto gentileza de José Luis Gómez.

Llegan las primeras consignas en los primeros meses del año 1936.
Nos llaman muy secretamente desde Mieres a los de más confianza, para que vayamos pensando cómo organizar unos grupos para trasladarnos a Madrid, Prieto piensa en dar un golpe de estado para tomar el poder. En esas estábamos cuando vienen los acontecimientos de julio de 1936. Nos cogen por sorpresa y nos adelantan en nuestro proyecto. Empieza la guerra.
Desde el primer día jamás pensé que podría salir con vida. Yo había estado en la de África y los moros no tenían más que cuatro fusiles y fueron muchas las bajas que causaron, pero la fuerza que en ésta íbamos a tener enfrente era mucho más peligrosa y todos nos dábamos perfectamente cuenta de la gravedad del momento y de lo dura que iba a ser esta guerra.
A pesar de ser consciente de todos los problemas que surgirían, las dudas de conciencia que se me plantearon sobre mi intervención en la misma fueron resueltas desde el primer día. Nada debíamos hacer más que afrontarla con todas sus consecuencias. El sacrificio del deber era la más sublime de las obligaciones.
Lo primero que tuve que prescindir fue muy duro para mí, implicaba separarme de Julia, mi mujer, y los hijos. Casi salí de casa violentamente, ya que se abrazó a mi cuello llorando y suplicando: que no me volviese a marchar, que no merecía la pena, que eran más importantes nuestros hijos que mi estúpido idealismo, que no me comprendía, que... Un puñal clavado en mi espalda me hubiese causado menos dolor que escuchar esas palabras pronunciadas por sus labios.
En mis oídos sonaron reiteradamente y durante mucho tiempo algunas de sus palabras: estúpido idealismo, estúpido idealismo, estúpido idealismo...
A esa frase que no paraba de zumbar en mi cabeza y no me abandonaba en ningún instante, hubo que sumar algo especialmente doloroso. Tenía que separarme también de mis hijos Dimas y Aurora, a los que preferí no ver antes de marchar.
Mi mente no podía olvidar las palabras de Julia; es más, sabía y era consciente que la represión caería también sobre ellos si las cosas salían mal en la guerra por mi culpa. Vinieron a mi retina…



viernes, 11 de mayo de 2012

Una alegría



Fue la sensación que percibí cuando pasé delante de los escaparates de la Librería Cervantes, en Oviedo, donde había uno con muchas de mis novelas expuestas.
El motivo de esta muestra es porque, el próximo martes día 15 a las siete de la tarde haré una nueva presentación y firma de libros en dicha librería. El encargado de presentarme será mi amigo Luis Jesús Llaneza González.
No soy yo la persona que deba hablar de mi propia obra; simplemente mis lectores habrán de consentirme la licencia de publicitar el acto que se va a desarrollar  en dicha librería.
Aprovecho para invitaros a todos al evento, aunque soy consciente de que muchos de los que me siguen en el blog y quisieran asistir,  por la distancia, resulta materialmente imposible.
A la librería, gracias, y a todos vosotros, os invito.  

viernes, 4 de mayo de 2012

"El Comandante Minero" en 1934

Foto gentileza de José Luis Gómez

Así llegó el 4 de octubre de dicho año. Aquella noche en unos prados cerca del pueblo estuvimos con las pocas armas que disponíamos, unas escopetas, revólveres muy malos y dinamita, eso sí, bastante dinamita.
No teníamos muchos problemas en conseguirla, bastaba con administrarla bien cuando se usaba en la mina y lo que sobraba iba para casa. Cuando podíamos íbamos con otros compañeros de la cuenca, que disponían de mayor cantidad, a entrenarnos a tirarla en la Reguerona de Corujal.
Estábamos esperando la orden con la hora de comienzo que debía traer un compañero desde Mieres. Cerca del amanecer llega, pero con una contraorden, donde nos comunican que todos al tajo; no se podía faltar, lo contrario pudiera levantar alguna sospecha. Así que el día 5 fuimos al tajo en los grupos mineros. Por la tarde, de nuevo a reunirse.
Entonces llega la orden de que a las 12 de la noche teníamos que proceder a tomar los cuarteles de los guardias de Santullano y Ujo entre los mineros de Valdecuna y Cenera.
A mí me eligen el jefe de un grupo, por aquello de que había estado en la guerra de África. Me creían conocedor de la estrategia necesaria para usar en esa misión. Hay además dos grupos en Cenera y otro más en Valdecuna. A mi grupo y a otro corresponde ir a Santullano. Los otros dos irían a Ujo. Salimos del pueblo a las once de la noche. Cada grupo tomó su destino.
El cuartel de Santullano estaba situado a la orilla de la carretera general a Mieres, al otro lado del puente...

viernes, 27 de abril de 2012

"El Comandante Minero" y el murciano

Foto gentileza de José Luis Gómez

Fui a pedir trabajo al lugar que tenía más próximo de donde estaba alojado. Igual que ocurre aquí, bastaba con que por la mañana acudieses a pedirlo para ser contratado, pero si además llevabas un animal de carga, estaba asegurado. Estuve con el encargado del “Anchurón de la Crisoleja“.
En este lugar se estaban haciendo las rebuscas en las antiguas galerías romanas de la mina “Relámpago“. No puso ningún reparo ni a mí, ni a la mula. El sueldo iba a ser el doble del que ganaba en mi pueblo trabajando las diez horas y si fuera necesario podría echar más horas. Pronto me hice con dinero suficiente para adquirir un par de robustas mulas que procedían de Palencia.
La mina se encontraba después de una curva muy pronunciada que hacía el arroyo, seco entonces, y el camino antes de llegar a la pared de la sierra. La entrada era una cueva donde una gran bóveda de varios metros de altura iba disminuyendo según te ibas introduciendo. A lo largo de ella, a ambos lados, montones y más montones de piedras acumuladas durante la explotación romana.
Toda conquista de una civilización es el punto de partida de nuevas investigaciones científicas. Las piedras desechadas por los romanos eran muy pesadas por tener gran cantidad de plomo. Les resultó imposible con los métodos de su época obtener plomo, por eso las buscábamos ahora. Ya estaban arrancadas de la mina, sólo teníamos que escogerlas y luego llevarlas a los molinos para su tratamiento antes de pasar a los hornos de las proximidades de la mina. Dentro teníamos muy buena temperatura. Las mulas se encontraban muy bien a la sombra mientras las cargábamos. El trayecto que habríamos de realizar era más largo dentro de la mina que una vez en el exterior.
Para iluminarnos ...

viernes, 20 de abril de 2012

"El Comandante Minero" en el campo de concentración


Foto gentileza de José Luis Gómez.



Dentro del campamento disponía de otras oficinas distribuidas en diferentes edificios, que llamaban de información. Los que estábamos prisioneros le dimos el nombre de El Ocho. Como responsables de la oficina de atestados se encontraban un cabo, un guardia, un falangista y un requeté.


Su misión como encargados consistía en investigar las responsabilidades de cada prisionero y levantar los atestados, posteriormente pasaban a los juzgados y de allí ibas destinado a la cárcel. A estas oficinas llegaban también los atestados que remitían los guardias de los pueblos.


Al enterarnos cómo funcionaba, lo comunicamos a la familia a ver si lograban de los guardias de asalto a los que nos habíamos presentado, que pasaran por allí. La familia se entrevistó con ellos. Efectivamente pidieron venir voluntarios a esta oficina y se desplazaron a Avilés a declarar. A pesar de las manifestaciones y datos aportados por los guardias, en las oficinas no tomaron en cuenta para nada la información que dieron. Se adelantaron los guardias de Mieres que remitieron un atestado con lo peor que se puede uno imaginar...

viernes, 13 de abril de 2012

"El Comandante Minero" torturado



Foto gentileza de José Luis Gómez



Cuando estaba el motor en marcha, los de asalto se despiden de nosotros y se van, pero sin avanzar más de veinte metros, el camión se detiene. Me llaman por el nombre y me dicen que baje. Me hacen pasar al cuartel y me conducen hasta la puerta donde estaban las camas del cuerpo de guardia. Yo no conocía al sargento Bonete, pero la descripción de la cara de mala uva, rencor y odio que irradiaba el rostro de aquel ser humano que me habían descrito en diferentes ocasiones, lo experimenté cuando estuve ante su presencia.


Vestido de paisano y con mirada de odio empieza a interrogarme. Para que me fuera preparando, antes de mediar una sola palabra por mi parte, me da una patada en el vientre y me tira al suelo. Comienzo a darme cuenta de quién es y lo mal que lo tuvieron que pasar nuestros familiares cuando él los interrogó. Me pisa. Los guardias que estaban acostados se levantan de sus literas y desde el fondo empiezan a animarlo:


-¡Mátale!



Decían unos.
-¡Es poco, dale más!

Oía decir a otros.
Me obliga a levantarme y ya de pie empieza a darme bofetadas y puñetazos. Me encontraba en un estado de ánimo, que recibía todo con total sangre fría, que si entonces me matan, no lo hubiese sentido.

Lo que buscaba con la paliza que me propinó era humillarme ante los guardias que estaban en el cuartel en aquel momento, para luego presumir y estirar el cuello. Una vez conseguido lo que pretendía, me arrastran y me suben masacrado al camión entre dos guardias. Entonces salimos en dirección a Avilés, afortunadamente aún con vida.

jueves, 5 de abril de 2012

"El Comandante Minero" y la religión


Foto gentileza de José Luis Gómez



La suegra de Noelia se llamaba Lita. Era muy religiosa y aprovechó mi estancia para tratar de convertirme en creyente de la iglesia católica. Le hablaba con toda sinceridad. Le exponía mis puntos de vista sobre lo que entendía y lo que me remordía la conciencia de la iglesia de Roma y sus pastores; en quienes, por necesidad, dejé de confiar hacía mucho tiempo. Se expresaba muy bien. Tuvimos largas, intensas y serias conversaciones sobre estos temas. Hizo todo lo que pudo por convencerme. Me facilitó libros religiosos entre ellos El Mártir de Golgona que trataba sobre la vida de la Virgen María, cuando sus padres Joaquín y Ana la internaron en el colegio de Sion. Leí ese libro dos veces y también el Viejo y el Nuevo Testamento.


No encontré en ellos nada capaz de convencerme. Mis creencias siguieron siendo idénticas a las que tenía, creyendo en Jesucristo como hombre, pero no como Dios. Nunca he pretendido convencer a nadie sobre ello, ni creerme en posesión de la verdad. Tampoco tiene mayor importancia, se trata de una simple creencia personal. Tomo en consideración todo cuanto hizo en vida Jesucristo y también creo que fue preciso, en su tiempo, sembrar el temor en los reyes como Herodes, que sin posibilidad de sustituirlos, eran dueños de todo. Soy de los que creo que después de la muerte no hay nada más. Venimos al mundo de la materia y a la materia volvemos.


Conozco algunas frases del Capital de Carlos Marx, que nunca leí, pero en cambio recito algunas de sus frases relacionadas con la emancipación de los trabajadores, que se conseguirá a base de nuestro esfuerzo y unión, si queremos realmente conseguirlo.



viernes, 30 de marzo de 2012

"El Comandante Minero" huído


Foto gentileza de José Luis Gómez


No sé si me siguieron o no hasta su casa, pero llevábamos más de una hora hablando tranquilamente cuando llaman a la puerta.
Quedamos helados, pero la reacción fue inmediata. Ramona se pone el dedo en la boca, haciendo la señal de silencio. Antes de que volvieran a llamar, su hijo, la nuera y yo estábamos en el piso de arriba.
Vuelven a llamar por segunda vez con más fuerza, le dan un fuerte golpe seco a la puerta y se oye una voz que ordena:
-¡Abran la puerta o la echamos abajo!
Ramona les pregunta entonces:
- ¿Quiénes son?
Escucha otra seca respuesta:
- ¡La fuerza pública!
Ramona corre sólo el pasador de la parte de arriba de la puerta y deja la parte de abajo cerrada, se deja ver un poco a la luz de la candilexa y hace como si estuviese acabando de vestirse. Nosotros que estábamos arriba pusimos en marcha mi estrategia. En dos palabras lo expliqué:
-¡Yo debajo de la cama y vosotros en pelota a ... lo vuestro!
Yo estaba metido debajo de la cama y el hijo y la nuera de Ramona deshicieron la cama e hicieron lo que les pedí…
Mientras tanto abajo, Ramona continuó hablando con alguien a quien su cara se le hacía conocida, que iba vestido de paisano y le preguntó:
-¿A quién tienes en casa?
Ramona respondió:
-Quién crees que van a estar: mi hijo y mi nuera en la cama.
Con voz avasalladora le dicen:
-¡Queremos verlo ahora!
Dio media vuelta con intención de subir a llamar a su hijo, pero nada más retirarse de la puerta, abrieron el pasador de abajo y entraron dos dentro.
La apartaron y subieron escalera arriba. Abrieron la puerta del primer cuarto que encontraron, no había nadie, miraron debajo de la cama y marcharon al segundo cuarto. Al abrir la puerta donde estábamos, la nuera de Ramona estaba encima de su hijo y yo con la pistola en la mano debajo de la cama. Tal vez desconfiaba y por eso se acercó hasta donde estaban y retiró bruscamente la manta que les cubría...