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viernes, 30 de marzo de 2012

"El Comandante Minero" huído


Foto gentileza de José Luis Gómez


No sé si me siguieron o no hasta su casa, pero llevábamos más de una hora hablando tranquilamente cuando llaman a la puerta.
Quedamos helados, pero la reacción fue inmediata. Ramona se pone el dedo en la boca, haciendo la señal de silencio. Antes de que volvieran a llamar, su hijo, la nuera y yo estábamos en el piso de arriba.
Vuelven a llamar por segunda vez con más fuerza, le dan un fuerte golpe seco a la puerta y se oye una voz que ordena:
-¡Abran la puerta o la echamos abajo!
Ramona les pregunta entonces:
- ¿Quiénes son?
Escucha otra seca respuesta:
- ¡La fuerza pública!
Ramona corre sólo el pasador de la parte de arriba de la puerta y deja la parte de abajo cerrada, se deja ver un poco a la luz de la candilexa y hace como si estuviese acabando de vestirse. Nosotros que estábamos arriba pusimos en marcha mi estrategia. En dos palabras lo expliqué:
-¡Yo debajo de la cama y vosotros en pelota a ... lo vuestro!
Yo estaba metido debajo de la cama y el hijo y la nuera de Ramona deshicieron la cama e hicieron lo que les pedí…
Mientras tanto abajo, Ramona continuó hablando con alguien a quien su cara se le hacía conocida, que iba vestido de paisano y le preguntó:
-¿A quién tienes en casa?
Ramona respondió:
-Quién crees que van a estar: mi hijo y mi nuera en la cama.
Con voz avasalladora le dicen:
-¡Queremos verlo ahora!
Dio media vuelta con intención de subir a llamar a su hijo, pero nada más retirarse de la puerta, abrieron el pasador de abajo y entraron dos dentro.
La apartaron y subieron escalera arriba. Abrieron la puerta del primer cuarto que encontraron, no había nadie, miraron debajo de la cama y marcharon al segundo cuarto. Al abrir la puerta donde estábamos, la nuera de Ramona estaba encima de su hijo y yo con la pistola en la mano debajo de la cama. Tal vez desconfiaba y por eso se acercó hasta donde estaban y retiró bruscamente la manta que les cubría...

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