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viernes, 13 de julio de 2012

"El Comandante Minero" en Gijón

Foto gentileza de José Luis Gómez.

Estando en la villa de Jovellanos pude desplazarme un día a Cenera a ver a mi familia. Al llegar los encontré pasando mucha hambre.
Las premoniciones de Julia se quedaron cortas. Esa misma noche cogí a los tres y los llevé conmigo a Gijón donde teníamos una amistad en cuya casa pude dejarlos. Para que no fuesen una carga a estos amigos que los recogieron, había mucha escasez de alimentos entre la población civil, gestioné en la Comandancia unos vales militares para recoger suministro y con ellos comían todos.
Cuando acabamos en la academia me destinaron a La Peral en Avilés, donde se organizó de nuevo el batallón, que pronto debía de estar operativo para atacar las posiciones del enemigo.
El 1 de agosto de 1937 se prepara una ofensiva sobre los montes llamados El Cimero y otros. Salimos la noche del 31 de julio para colocarnos en las faldas de este monte. Como muchas veces me ocurrió en esta guerra, la estrategia estaba muy bien organizada en teoría; después a la hora de ponerla en práctica no funcionaba o funcionaba muy mal. Teníamos establecida una línea telefónica hasta la misma falda del monte y hasta después de que fuese tomado éste, seguiríamos comunicados con el teléfono que llevábamos. La orden dada era que tendríamos aviación y artillería suficiente para deshacerles las alambradas preparadas alrededor de la posición. No era, por tanto, necesaria la sorpresa en esta ocasión.
Estaba previsto que, después de una buena operación artillera y de intensos bombardeos de la aviación, ordenarían subir.
Antes del amanecer estamos desplegados en nuestras posiciones; amanece y esperamos el fuego de la artillería...
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