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viernes, 4 de mayo de 2012

"El Comandante Minero" en 1934

Foto gentileza de José Luis Gómez

Así llegó el 4 de octubre de dicho año. Aquella noche en unos prados cerca del pueblo estuvimos con las pocas armas que disponíamos, unas escopetas, revólveres muy malos y dinamita, eso sí, bastante dinamita.
No teníamos muchos problemas en conseguirla, bastaba con administrarla bien cuando se usaba en la mina y lo que sobraba iba para casa. Cuando podíamos íbamos con otros compañeros de la cuenca, que disponían de mayor cantidad, a entrenarnos a tirarla en la Reguerona de Corujal.
Estábamos esperando la orden con la hora de comienzo que debía traer un compañero desde Mieres. Cerca del amanecer llega, pero con una contraorden, donde nos comunican que todos al tajo; no se podía faltar, lo contrario pudiera levantar alguna sospecha. Así que el día 5 fuimos al tajo en los grupos mineros. Por la tarde, de nuevo a reunirse.
Entonces llega la orden de que a las 12 de la noche teníamos que proceder a tomar los cuarteles de los guardias de Santullano y Ujo entre los mineros de Valdecuna y Cenera.
A mí me eligen el jefe de un grupo, por aquello de que había estado en la guerra de África. Me creían conocedor de la estrategia necesaria para usar en esa misión. Hay además dos grupos en Cenera y otro más en Valdecuna. A mi grupo y a otro corresponde ir a Santullano. Los otros dos irían a Ujo. Salimos del pueblo a las once de la noche. Cada grupo tomó su destino.
El cuartel de Santullano estaba situado a la orilla de la carretera general a Mieres, al otro lado del puente...
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