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viernes, 16 de marzo de 2012

"El Comandante Minero" en la guerra de Marruecos


Foto gentileza de José Luis Gómez



En un saco terrero cargaban 50 kilos de arena, se lo ponían encima de los hombros amarrados con dos cuerdas, no lo podían quitar ni para dormir y tenían que hacer con él, todos los servicios que le correspondían, con el saco colocado a la espalda. Le sacaban un kilo cada día hasta que quedaba vacío; y de esta forma cumplía el castigo, si no cometía otra falta durante los cincuenta días siguientes, en caso contrario, a llenar otra vez el saco.


He de citar también los castigos contra los rebeldes, en este caso los moros.


Cuando recibíamos agresiones, salíamos zumbando detrás de ellos.


Si cerca de donde hubiese ocurrido la agresión, encontrábamos alguno, se apresaba. Normalmente no se hacía ninguna investigación, porque la mayoría ignorábamos la lengua árabe. Entonces ellos nada más vernos se tiraban a besarnos los pies, de rodillas. Se cogía al moro, se buscaba un caballo, se amarraba bien de una cuerda sus pies y luego a la cola, después a todo galope hasta el campamento.


Son muchas las barbaridades que se comenten en las guerras y en éstas se cometían también hasta con los mismos moros que estaban al servicio del ejército. Conocía al que se encargaba de surtir de carnes al campamento y que nos llevó al teniente y a mí en su camión al zoco. Se distinguía de los demás en su buen vestir. Siempre destacaba por su chilaba blanca y su turbante. Un día salimos una sección de caballería de patrulla hasta el campamento próximo. Encontramos...

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