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miércoles, 5 de agosto de 2009

LAS LÁMPARAS DE MINA QUE NO ESTÁN EN CASA


Un caso diferente es el tratamiento habitual que se da a las lámparas de mina por no tener mucho latón o tener exteriormente partes de hierro.

El clima y la humedad de Asturias en cualquier época del año, por algo el paisaje está casi siempre verde, hacen furruñarse (oxidarse) a las partes de hierro, y por ese motivo las lámparas de mina pierden parte de su atractivo, que recuperan con una buena limpieza y la aplicación de una pátina de algún aislante. Yo empleo siempre el betún de Judea, en vez de cera de abeja o aceite. Este producto, barato y fácil de encontrar en cualquier droguería es empleado habitualmente por los anticuarios para envejecer la madera, teniendo la particularidad de que no te mancha cuando está seco y se retira fácilmente cuando lo deseas, con cualquier disolvente, como el aguarrás o la gasolina.

En el título que he puesto hoy al comentario intento referirme a las lámparas de mina que no han pasado del sótano, del hórreo, de la panera, del desván o del trastero, después de haber prestado su servicio en las minas. No suelen presentar un aspecto atractivo.

Hoy muestro lo que queda de lo que fue en su día una interesante colección de lámparas de mina asturianas que aún se conserva en un sótano en la actualidad. Es lo que ha quedado de herencia, después de muchos regalos de su desaparecido propietario…

¿Se salvará algo, o se seguirá dispersando?

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