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martes, 12 de enero de 2010

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LUCES EN LAS MINAS DE ASTURIAS: CANDILES DE SAPO” por LUIS JESÚS LLANEZA (5)

Basta ya de exordios y vayamos al núcleo del asunto que hoy nos reúne. El nuevo libro de Vilela consta de dos partes perfectamente diferenciadas. En la primera se estudian los diversos tipos de luminarias empleadas en la minería, con llama libre, hasta el siglo XX, en que serán sustituidas masivamente por las de seguridad. La segunda abarca el estudio específico de los candiles de sapo, objeto fundamental del libro.

Yo deseo iniciar la glosa de la primera parte con unos versos de Rafael Alberti en su poema “Amarillo” (en el libro dedicado “A la pintura”):

“Acciono con la luz, soy un activo

cómplice de la luz contra la sombra”

En ellos, en mi opinión, se refleja meridianamente la lucha del hombre contra la oscuridad, la eterna antinomia entre el día y la noche, una guerra que el hombre comenzará a vencer con el descubrimiento de la producción del fuego. Y en la mina, en los subterráneos, en las cuevas prehistóricas el humano utilizará el fuego como medio de protección y sometimiento del horror nocturno, del miedo a la noche eterna e ilimitada.

El conocimiento de los primeros combustibles aportará a los humanos nuevos medios para la obtención de la luz y la hoguera irá sustituyéndose en la mina por antorchas, teas, velas,… y los primitivos útiles elaborados por la mano del hombre (lucernas, lámparas de aceite…) usados por los explotadores foráneos (fenicios, griegos, romanos…) de los yacimientos minerales de la península ibérica. Todos ellos irán dando paso, en un lento devenir de siglos, a nuevo herramental, más sofisticado, tal como candiles, candilejas…, todos ellos de llama desnuda.

El sistema de iluminación, basado en los principios anteriores, era común y consustancial a la totalidad de la sociedad, impregnando la rutina diaria. La luz eléctrica, uno de los grandes inventos de la revolución industrial, revocará definitivamente los modos de vida sociales. Para tratar de reflejar el influjo de la dualidad contrapuesta luz-oscuridad y la importancia del instrumental para el aporte lumínico, he recogido del Martínez-Kleiser algunos refranes que evidencian mi aserto anterior. Entre la gavilla de dichos existentes he elegido los siguientes: “A la luz de la tea no hay mujer fea”; “A la luz de la vela pasa por mocita la abuela”; “Oro, tela, ni doncella, no la tomes a la candela”; “A la luz de un candil no se puede trabajar en caso sutil”; “La mejor luz, la de la mañana”; “La mucha luz deslumbra, y no alumbra”. La muestra, sin interpretación de contenido, señala claramente el peso de la luz en la vida diaria.
La minería, durante más de veinte centurias, utilizó idénticos medios. Para la prevención de deflagraciones era suficiente la presencia del penitente (sufridor o nazareno por su vestimenta) o de los pájaros cantores para la detección de grisú, convertidos ambos en primitivas “máquinas de seguridad”. Con la explotación intensiva del carbón inglés se inician las catástrofes mineras, los graves y multitudinarios accidentes generados por la presencia de gases. Esta situación, una vez reparada en la magnitud del problema, aceleró el modo de resolución del mismo, hecho que tendría su comienzo en los descubrimientos de Davy y Stephenson, que serían origen de las lámparas de seguridad.

Sigue…



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