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miércoles, 3 de febrero de 2010

EN LA UNIÓN (MURCIA). VIAJE REALIZADO POR ROGELIO MOUZO PAGÁN AL INTERIOR DE LA MINA "SAN RAFAEL" EL DÍA12 DE DICIEMBRE DE 1988. (4)


TRABAJO DE LOS MINEROS PERFORISTAS

Continuamos avanzando y llegamos a zonas donde están los tajos que en ese momento se trabajan. Aquí la galería principal se ramifica en varias más pequeñas que se dirigen a diversos lugares. Desde allí se percibe un leve y sórdido ruido que, a medida que nos vamos acercando, se va haciendo más fuerte e intenso. Es el ruido producido por la marcha de los martillos perforadores neumáticos que abren los barrenos en la dura roca.

Lentamente me voy acercando al lugar, el cual permanece iluminado por una luz que se ve intensa. La luz la produce un potente foco protegido por una pantalla y sostenido por un pié metálico.

La visión no es clara y el ambiente es de cierta "fosca"; no tanto por el polvo, del que no se aprecia su existencia, sino por una especie de humo o neblina que lo invade todo.

Hay dos tajos próximos uno del otro, y en cada uno existe un obrero maestro perforista que trabaja barrenando con el martillo perforador. Estos hombres están desnudos de cintura para arriba y su cuerpo se aprecia sudoroso y manchado... Sobre su cabeza portan el casco protector y se calzan de botas de agua. Más o menos, la misma indumentaria que llevamos nosotros en nuestra visita.

El martillo perforador está acoplado a un sistema de botella neumática ("el empujador") que, accionado por el viento, hace que la barrena realice tres movimientos:

1" de rotación sobre la roca que corta; 2" de percusión sobre la misma roca; y el 3" de avance. Con estos tres movimientos la barrena logra un orificio limpio y rápido.

Me acerqué a uno de estos obreros maestro perforista que estaba en plena actividad, observando cómo aquel minero, cada vez que acciona la válvula de abrir el viento y pone en marcha el martillo el ruido se hacía ensordecedor. Es un ruido tan fuerte y seco que da la sensación de que todo tiembla y se va a derrumbar. La verdad es que en aquel momento sí llegué a sentir una especie de escalofrío y temor, el cual me hizo apartarme instintivamente un poco del lugar como protegiéndome ... pero poco a poco me voy habituando, e insisto en mirar todo, para lo cual regreso situándome nuevamente junto al maestro perforista.

Por el orificio que abre la barrena en la dura roca va saliendo un agua sucia que cae al suelo junto a los pies del perforista, el cual tiene que trabajar sobre una especie de barrillo producido al mezclase el agua con la tierra que corta. Éste agua que se inyecta revuelta con el aire, tiene como misión evitar el polvo. Antiguamente cuando la perforación era sin agua (a viento seco) la atmósfera pulvígena intensa que la perforación producía hacía contraer la enfermedad de las minas ("la silicosis") en muy corto espacio de tiempo.

Sigo contemplando al minero perforista que trabaja, y veo como va cambiando la posición de la máquina en cada nuevo barreno que inicia, y observo que tiene ciertas dificultades para iniciar cada agujero o barreno, pues a la barrena le cuesta quedarse fija. Por eso, el obrero tiene que hacer un alarde de destreza, y mientras con una mano acciona la válvula del viento de la máquina, con la otra mano sujeta la punta de la barrena para que no se escape, a la vez que la presiona contra la roca. Tras los primeros centímetros de orificio, el resto es más fácil, pues la fuerza para avanzar la barrena la imprime el sistema neumático del empujador del martillo.

Se nota que el trabajador tiene muy dominada la práctica minera de perforación, y pude comprobar la serie de orificios (barrenos) que ya habían sido practicados, a los cuales se les ha dado la inclinación debida, según su situación, para que de esa forma, y como se dice en el argot minero, se le dé "salida al barreno", pues aquellos están repartidos en todo el frente de la pared sobre la que se trabaja.

Una vez practicados todos los barrenos, estos se llenarán de cartuchos de explosivos, y en cada agujero se pondrá un fulminante unido a un cable eléctrico que accionará posteriormente un "explosor", produciendo la voladura y arranque de la roca o mineral.

Hablo con el obrero perforista mientras trabaja, y me indica que la barrena tiene dos metros de larga, aunque existen de varias medidas, que se pueden ir intercambiando en el martillo perforador conforme se profundiza el barreno. Con cada explosión de barrenos practicada se consigue un avance de 1,50 metros en la explotación.

Dice "que si el trabajo ha sido bien realizado, el avance de la galería quedará terminado siguiendo con las mismas dimensiones actuales, sin apenas necesidad de hacer recortes parciales de la misma, siendo solamente preciso efectuar, tras la explosión de barrenos, un reconocimiento del terreno para comprobar si hay piedras semiarrancadas susceptibles de caer y producir accidentes". Para evitar la caída de estas piedras es preciso utilizar una larga barrena de hierro con la que se procederá a tocar los techos y piedras. Esta operación se la conoce con el nombre de "saneo".

En aquel momento se esta trabajando en un tajo parecido a una galería, que tendría unos 2,5 x 2,5 metros (ancho y alto), y me indica que, para el avance de la misma, es preciso hacer 40 barrenos, empleándose en cada uno de ellos cuatro cartuchos de explosivo (goma dos o similar), lo que viene a representar un consumo de unos 20 kg aproximadamente. Esta proporción varía en función de la dureza de la roca.

Como pude comprobar, el trabajo de perforista además de fuerza exige pericia, pues es preciso saber bien la inclinación que debe darse a cada orificio para conseguir la mayor eficacia y arrancar Lo máximo empleando la menor cantidad de explosivo. También es importante valorar que cada barreno lleva su propio fulminante, y estos están numerados, de tal forma que, aunque la conexión eléctrica de los mismos forma un circuito en serie unido al explosor, los diferentes fulminantes empleados actúan ejerciendo sobre la carga explosiva

sus propias características prefijadas, para que unos explosionen al instante y otros con 20 milésimas de segundo de retraso. Este bravísimo espacio de tiempo de diferencia de unos fulminantes a otros hace que se consiga mayor eficacia a la pega, al permitir dar salida a lo que la explosión arranca.

Sigue…
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