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lunes, 23 de enero de 2012

Museos: Dinamizadores de las Cuencas mineras asturianas o despilfarradores del esfuerzo de generaciones de trabajadores (3)




Bocamina en Puente Villandio, Turón, Mieres. Foto gentileza de José Luis Gómez.




Hoy voy a continuar hablando de tres museos mineros que conozco y que desde mi punto de vista, hacen algo mejor las cosas.
Empezaré por el de El Entrego. El más importante que existe en España, sin lugar a dudas. Además de la mina imagen, muy similar a la de los museos de Lewarde (Francia) y Böchum (Alemania), tiene en sus vitrinas numerosas parcelas que complementan la visita a la mina. Hay material de gran valor museístico procedente de importantes empresas asturianas desaparecidas.
Lo que más conozco, donde más he estado y desde siempre he encontrado facilidades para el estudio es la lampistería, formada con la colección de Paco El Ferreru de Siero. Esta colección la conocí en sus manos. Sin ser un experto consiguió formar una interesante colección que, un día alguien intentó sustraerle de su casita de pueblo y por tal motivo aceptó venderla a la Caja de Ahorros de Asturias, que a su vez la tiene en depósito en este museo.
D. Luis Adaro Ruiz, fue alma mater desde su fundación, buena prueba es que de su biblioteca particular cedió todos los libros y legajos relacionados con la minería al museo. A día de hoy es posible consultar sus libros, no así los interesantes documentos, que espero lo sean en fecha no muy lejana. D. Luis, en su día, me entregó unas fotocopias donde están catalogados tanto sus libros como el contenido de sus legajos.
Lo que no me agrada mucho es que por ser la propietaria de las lámparas una institución y el depositario otra, nadie hasta la fecha se ha preocupado en exceso por ellas, sobre todo de aquellas que requieren un tratamiento singular por su importancia o por la necesidad de restauración. Un encargado, hace años, hoy ya no está en el museo, me confesó: Es que no dejan que asesore nadie, dicen que les va bien todo como está y mejor no mover nada…
Creo que la labor dinamizadora de todos los museos, eco museos, fundaciones y centros de interpretación que tengan algo que ver con la minería asturiana no la está ejerciendo y, sobre todo, tampoco actúa de conservador y acaparador de todo lo que se tenga constancia que aparezca por cualquier explotación minera asturiana, que sigue siendo muchísimo, para que no se pierda. A mi modo de ver estos dos aspectos son muy mejorables, pero…
El Museo del Pueblo de Asturias de Gijón o el Museo de Bellas Artes de Asturias, cada uno en su campo, son ejemplos que debieran seguir en los apartados que acabo de mencionar.
Un caso contrario es el Museo Minero de Gallarta. Allí, Carmelo Uriarte, con un grupo de amigos, especialistas todos ellos formados en los numerosos talleres de fabricación de todo tipo de cosas y poseedores de la técnica necesaria, empiezan a restaurar en sus tiempos libres vagonetas que aparecen abandonadas en las explotaciones, primero en las minas de hierro de toda Vizcaya y posteriormente por toda la comunidad autónoma.
Cuando acabaron de traer muchas, empezaron a recuperar otros útiles mineros, máquinas, instalaciones, creo que sin gastarse un duro en su compra, consiguieron poco a poco almacenar tal cantidad de utensilios mineros que servirían para dotar a más de dos museos completos en la actualidad. Pronto se añadieron documentos, recuerdo los gigantescos baúles que contenían documentación de Altos Hornos que salvaron de la destrucción, mezclados con fotografías, minerales, lámparas de mina, útiles de medición, objetos de laboratorio… Lo conocí todo cuando no estaba inaugurada la parte moderna, la que lleva muchas lucecitas, demasiados paneles y muchas réplicas, entre ellas una lucerna romana que canta. No obstante, se salva el panel porque a su lado se encuentra una antorcha original que encontró Carmelo en una galería, posiblemente del siglo XIX, y que reproduzco en mi obra Luces en las Minas de Asturias: Candiles de sapo.
La última vez que estuve invitado en Gallarta, me tocó acompañarles a tirar una teja sobre la mina donde estaban preparando la ampliación del museo o su continuidad en edificio singular construido al borde de la espectacular mina. Es que en el pequeño pueblo vizcaíno tienen tanto que mostrar… El problema de entonces consistía en que alguien quería taparla con escombro y hacer un polígono industrial, una vez que se rellenara la gigantesca mina. Se tiraba la teja como costumbre vasca en señal de avisar a quienes pretendían taparla, de que la mina era del pueblo y por eso tiraban la teja para demostrar que estábamos en terreno del pueblo. Desde la semana pasada sé que ya han conseguido que la mina no se tape.
Allí hay de todo para hacer museos y faltan caparazones… Espero que un día me anuncien que el nuevo está operativo.


Sigue...

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