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viernes, 2 de marzo de 2012

"El Comandante Minero" cortejaba

Foto gentileza de José Luis Gómez.


"...¡Qué hermosa era!
Desnuda, envuelta en la toalla, volvió a pasar delante de donde yo estaba a dejar la toalla y coger la ropa. Esta vez, al vestirse, pude comprobar que los pezones de sus pechos estaban aún más pronunciados que antes.

Desde ese momento esa imagen de Julia se quedó grabada en mi retina para siempre. Después se puso el camisón y encima la bata.

Recogió la ropa que se quitó, la hizo un rollo y la metió en el caldero; luego introdujo el jabón, la esponja y el caldero en la bañera, lo cogió todo con una mano y la colocó, ayudándose con la cintura, bajo el brazo. Se aproximó al lugar donde estaba el candil y lo descolgó con la otra mano. Atravesó la habitación y el sonido de sus pasos fue perdiéndose en intensidad según se iba alejando. Yo en ese momento soplé y pensé: ¡Qué cojonuda estaba!

Estuve un rato sin saber que hacer, cerraba los ojos y la volvía a ver.

No tengo noción del tiempo que transcurrió hasta que inicié el descenso del desván hacia el pajar, dejándome resbalar por la hierba hasta llegar a posar los pies en el suelo antes de saltar por el ventano y salir a la calle. Yo también estaba mojado...

Después, de regreso hacia Canga, todo el camino hacia arriba, a mí me parecía que era para abajo, no se iba de mi mente lo que acababa de contemplar y las imágenes se superponían en mi retina disfrutando con ellas y sin ejercer mi voluntad ningún intento de controlar las mismas.

A sus ojos negros, sus labios, su nariz y su cara ya grabadas, se añadían sensaciones e imágenes nuevas. Al cerrar los ojos veía sus encantos, los pitones de sus pechos y las curvas de su cuerpo... Sin cenar me acosté.

No pude apenas dormir, la veía de todas las formas y cuando soñaba veía como sus pitones me embestían… Y en ese momento despertaba..."
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