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viernes, 6 de noviembre de 2015

Luces en la mina de Arnao (8)







Hay variedad de tipos y tamaños. Muchos llevan un gallo coronando el cierre del depósito de aceite, aunque también  hay piezas extraordinarias sin gallo.

En el mismo libro de Lasala es más clara su descripción sobre el modo de empleo:
Cada operario lleva su candil, el aceite que usan es de linaza que, según las experiencias hechas  por el jefe del Establecimiento además de producir una luz muy clara, dura más y sale más barato que el de olivas, tan escaso en Asturias. El alumbrado es de cuenta de la empresa y como aquí trabajan varias cuadrillas a destajo, no está fijado el número de horas que han de permanecer en los subterráneos ; para esto el encargado o capataz por la empresa da a los destajistas en una vasija el aceite correspondiente al número de candiles de otros tantos operarios  que entran a su cuidado, a razón de lo que pueda gastar cada luz por el tiempo de diez a doce horas diarias; a no ser que la premura de los arranques exija más permanencia   en  la mina: al entrar, el capataz de los destajistas lleva los candiles y después de cierto tiempo que ya lo necesitan vuelve a echarles más aceite.
Estos aparatos son suficientes a producir una buena iluminación, tanto por lo bien ventiladas que están las excavaciones tanto porque no se desprenden gases inflamables  que hagan necesario el uso de la lámpara de seguridad.

En agosto de 1855 dos comerciantes de Oviedo Fausto E. Agosti y Francisco Lacazette entablan relaciones comerciales con Emilio Schmidt, Director de la Real Compañía Asturiana de Minas, quien adquiere varias partidas de candiles de sapo.

En los libros de compras de la Real Compañía Asturiana de Minas, el 1 de diciembre de 1858 aparece anotado una partida de 100 candiles de minas blancos a 10 reales  cada candil. En enero de 1859 aparece otro apunte de 100 candiles para minas también a 10 reales y el 10 de agosto de ese mismo año otro apunte de compra de 6 candiles de minas a 12 reales. Por último, en enero de 1860 hay un último apunte de compra de 102 candiles de minas.


El 25 de junio de 1858, el buque Gabriel, Capitán Fresno, además de los quintales de carbón que embarcó en San Juan para Requejada (Cantabria), hasta donde se llevaba para calcinar las calaminas de Reocín, llevó 6 candiles (6).


(6). Libro de salidas carbón del año 1858. Archivo Histórico Asturiana de Zinc.


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