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lunes, 9 de enero de 2012

Publicado el sábado en el diario “La Nueva España”


Vilela: «Me convertí en el comandante minero para hacer creíble mi novela»



El escritor mierense presentó en el Ateneo de Turón su primera obra de ficción, ambientada en el valle de Cenera



http://www.lne.es/cuencas/2012/01/07/vilela-converti-comandante-minero-creible-novela/1180553.html


Turón (Mieres), J. Á. GAYOL


El Ateneo de Turón acogió la presentación de la primera novela de Alberto Vilela, «El comandante minero», en un acto del club LA NUEVA ESPAÑA en las Cuencas. Vilela ya ha publicado distintas obras de carácter ensayístico como «Luces en las minas de Asturias», «Luces en las minas de Asturias: candiles de sapo» y «Luces en las minas de Asturias: lámparas de seguridad». Pero «El comandante minero» fue un reto particular del escritor porque tuvo que asumir dificultades diferentes a las que planteaban sus obras anteriores. En la presentación estuvo acompañado por José Ángel Gayol, coordinador del Club LA NUEVA ESPAÑA en el Caudal, quien destacó que la novela era «un relato costumbrista de retazos históricos y una revisión social de la Historia», y añadió que la novela sigue «la línea realista de un Galdós o un Pío Baroja».


Vilela resumió los motivos por los que se propuso escribir esta novela: «Empecé a escribirla en la Nochebuena de 2005 porque había recibido para mis trabajos de investigación unas notas que me dio un minero. Me pidió que las leyera y que hiciera con ellas lo que quisiera. El problema es que uno está acostumbrado a escribir libros técnicos en los que cita a autores determinados sin añadir ni quitar nada, y por aquel entonces me puse a escribir sabiendo que a la historia de este minero le faltaban datos y le sobraban otros». Así empezó la labor de investigación de Alberto Vilela con un cariz sensiblemente distinto a lo que el autor estaba habituado. «Tenía que convertirme en el comandante minero para hacerlo creíble, y fue en ese momento cuando escogí el lugar donde ubicar al personaje: el valle de Cenera, un lugar que conozco bien».


La escritura de la novela fue azarosa, ya que Alberto Vilela dejó aparcado el texto durante mucho tiempo hasta que una enfermedad le llevó a recuperar lo que había escrito, pulirlo y dárselo a leer a algunos amigos, los cuales le animaron a seguir corrigiendo la novela hasta su publicación. Para Vilela es un triunfo personal y reconoce que «lo que más agradezco es que digan que la novela les gusta y que la leen hasta acabarla».


En el coloquio posterior con el público asistente, el escritor precisó que no buscaba «acritud, ni meter el dedo en el ojo de nadie» para referirse a la perspectiva que había adoptado a la hora de tratar el tema de la Guerra Civil. Y añadió que «el personaje es un idealista, en el sentido de que sigue sus ideales, su verdad, y sigue el curso de su vida sin desviarse de sus convicciones».

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