Lámpara de seguridad ADARO de pequeño formato.
Estudio de las lámparas de mina, recuperar documentos gráficos de mineros con lámparas, comentar libros que tengan interés para el blog, divulgar mis obras...
PUBLICACIONES
miércoles, 21 de enero de 2015
Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita con carbón y dinamita.
Lámpara de seguridad ADARO de pequeño formato.
lunes, 20 de octubre de 2014
Ponencia: " Las Reales Fábricas de Sargadelos y la Real Compañía Asturiana de Minas" (1)
Buenas tardes:
Como no dispongo mas que de treinta minutos para poder exponerles este apasionante tema que hoy nos reúne, he redactado unas notas para no excederme en el tiempo señalado, resumen de un contenido mucho más extenso.
Sobre el carbón de piedra de Arnao podríamos remontarnos a 1593 cuando se concedió licencia para beneficiar una mina en Arancés a Fray Agustín Montero carmelita descalzo de Valladolid, natural de San Román de Naveces (Castrillón). Mandó cargar dos veleros por mandato de Felipe II con destino a Portugal. Es reseñable el intento realizado en 1739 por el Marqués de la Ensenada para comprobar las propiedades del mineral de Avilés en la fundición de anclas en Arrazubía (Guipúzcoa). No se pudieron realizar porque las minas estaban inundadas en esa época. Antes de que se fundara la Real Compañía Asturiana de Minas por R.O. de 14 de noviembre de 1833 pertenecieron a Juan de Vieska que perdió sus derechos por tenerla abandonada.
Hoy no voy a extenderme en estos inicios. Ya dejó escrito Adolfo Desoignie en 1850:
Las minas de Arnao, sitas a orillas del mar a una legua corta, al Oeste del puerto de Avilés, han llamado la atención de los industriales desde tiempos bastante remotos, y de veinte años a esta parte la de muchas personas dedicadas a la ciencia.
Es obligado mencionar a Antonio Raimundo Ibáñez, Marqués de Sargadelos, ilustrado del último tercio del siglo XVIII que concibió una siderurgia integral de hierro colado en la parroquia de Sargadelos, ayuntamiento de Cervo, Lugo, donde produjo desde piezas de artillería en la Fábrica de fundición a menaje en la Fábrica de loza, utilizando el carbón vegetal como combustible en sus hornos.
Antes de ser asesinado en las calles de Ribadeo por ajuste de cuentas, acusado de afrancesado en 1809 dejó escrito en 1772:
Las máquinas de agua y fuego están llamadas a consumir miles y miles de quintales de carbón fósil y el comercio de éste tornarase entonces uno de los más prósperos y que más contribuyan a la riqueza pública del reino y felicidad de sus súbditos.
He de fundamentar mi charla a partir del año en que la Real Compañía Asturiana empieza a surtir carbón a las Reales Fábricas de Sargadelos para dar sentido a su título.
Primer negocio (1837)
Guillermo Schulz, residía en Ribadeo desempeñando desde allí su función de Inspector General de Minas de Asturias y Galicia desde 1833. En 1837 envió una carta a Armando Nagel, primer director de la Real Compañía Asturiana de Minas, que contenía copiado en el mismo pliego un escrito que le había remitido Ana Varela de Ibáñez viuda de José Ibáñez Acevedo, hijo del ya fallecido Antonio Raimundo Ibáñez, fundador, como he mencionado anteriormente, de la Fundición y la Fábrica de Loza de Sargadelos.
Era la respuesta a una petición del director de la mina de Arnao que diseñó una pieza de hierro que llamaba asentadilla y pretendía que le fundiesen doscientas en Sargadelos. Eran necesarias para fijar con seguridad las vías a las traviesas de roble en los desniveles producidos en el avance de las labores por donde discurría el ferrocarril minero.
Tras recibir una muestra de una asentadilla y dar la conformidad en Arnao, pese a ser preferencia en Sargadelos la fabricación de potes, las hicieron. Se embarcaron en Ribadeo hasta donde llegaron en cinco caballerías y en un patache fueron transportadas 218 piezas hasta el puerto de Gijón.
Siguió numerosa correspondencia haciendo siempre Guillermo Schulz de intermediario:
Armando Nagel le preguntó si había posibilidades de colocar 900 qq. de carbón, le comunicó el precio que pagaba por la madera de pino para las minas en Ribadeo y, además, le envió una letra de cambio para el pago de las asentadillas y los fletes. Quiso saber la época en que se paraba la actividad en la fundición en Sargadelos por la falta de agua para mover la maquinaria, pues su intención era encargar más asentadillas con pequeñas modificaciones, Estaba también interesado en comprar lingotes de hierro colado y no aceptó el precio que estaban dispuestos a pagarle por el carbón ofrecido. Posteriormente realizó un pedido de otras 259 asentadillas aunque su intención era que, en un futuro, se las fabricaran en Bélgica. Por fin, tras llegar a un acuerdo en el precio se realizó un embarque de 375 qq. de carbón con destino al puerto de San Ciprián a nombre de Ana Ibáñez Varela y dos qq. con carbón con otras propiedades para realizar pruebas en los hornos. (Un quintal castellano = 45 kg.).
Pedro Sipos, director de la Fábrica Fundición de Sargadelos propuso a Guillermo Schulz intercambiar el carbón por restos de hierro fundido. Nagel ofreció el precio que pagaría por el hierro. Se realizaron los envíos de carbón y hierro fundido, además de otras 452 asentadillas.
Cambios importantes en Arnao y Sargadelos.
Transcurrieron varios años antes de volver a tener noticias de relaciones comerciales entre ambas empresas. En Sargadelos se estaban produciendo cambios en la gerencia y fundamentalmente en los nuevos hornos altos que empezarían a consumir carbón piedra.
Sistema de embarque diseñado por Adolfo Desoignie.
En Arnao, Adolfo Desoignie, ingeniero de minas belga, era nombrado director de la Real Compañía Asturiana de Minas (1838). En 1839 ya sugirió al Marqués de Casa Riera, socio fundador de la compañía, asesorado por Guillermo Schulz, hacer una fundición en Arnao, que con el paso de los años, se haría realidad, y tendría singular importancia para la Real Compañía Asturiana de Minas.
A su llegada a Arnao inició el laboreo en el nuevo Valey donde se irá explotando el filón de carbón de 1ª calidad cada vez a mayor profundidad por debajo del mar y la Mina del Arco, donde también se extraía carbón con las mismas propiedades. Los yacimientos de Santa María del Mar y San Juan los cerrará. Además, modificó el sistema de embarque de las lanchas que llevaban el carbón desde la mina hasta el fondeadero de San Juan.
Guillermo Schulz le pidió ayuda para encontrar un técnico para dirigir la Fundición de Sargadelos:
Escasos serán en mi país los sujetos que posean a fondo la teoría y práctica de los artículos de fabricación que veo se necesitan poseer para llevar las minas de esos SS. que inclino a suponer deberá ser bastante alta la asignación que pidan. Por este mismo correo escribo a un amigo y colega de Lieja sobre el particular. (1841).
Los motivos eran fundados:
Aquella fábrica de fundición está en manos puramente empíricas que no saben fundir sino potes y balas aunque sean más difíciles que un piston plongeur (émbolo). (1842).
El elegido sería Francisco Antonio Elorza.
En 1842 José María Muñiz era el Socio Director de la Empresa de Fundición de Sargadelos y Guillermo Schulz cesa como Inspector General de Minas de Asturias y Galicia. Va a Madrid a ocupar su nuevo cargo. Por este motivo desde entonces se establecen nuevas relaciones comerciales directas entre ambas empresas. El primero hizo un único pedido de 100 qq. de carbón de piedra.
Hemos de remontarnos un poco atrás en el tiempo. En 1835 Ibáñez arrendó la Fábrica de Loza a Antonio de Tapia y Piñeyro. En 1840 la familia Ibáñez arrendó la fábrica de fundición por espacio de veinte años a una Sociedad representada por Ramón Francisco Piñeyro. La Sociedad Ibáñez – Tapia y Piñeiro fracasó completamente por causas que hoy no vemos muy claras pero que determinaron el cierre del establecimiento en 1842, la disolución de la Compañía y fuertes discusiones entre los consocios, prolongándose a causa de ellas la liquidación hasta el año 1844.
Antiguo horno de fundición en Sargadelos.
La familia Ibáñez intentó arrendar la Fábrica de Loza al escocés Ricardo Pickman, dueño de la Fábrica de Loza de la Cartuja de Sevilla. También intentaron el arriendo el banquero Casas, de Ribadeo y a Jorge de la Peña, doctor y publicista que intervenía en los asuntos de los establecimientos de Sargadelos por haberse casado con una hija de José Ibáñez.
Ninguno de los mencionados consiguió el arriendo, pues el 12 de agosto de 1845, traspasa el arriendo de la Fábrica de Loza a Ramón Francisco Piñeyro, quien a su vez, traspasó ambas a la Sociedad Luís de la Riva y Compañía, formada por varios banqueros gallegos. De la administración se encargaría el clérigo Ramón Cayetano Ramos.
Continuará mañana.
martes, 2 de julio de 2013
Visitar la mina de Arnao
domingo, 29 de agosto de 2010
UNA SUERTE
Si bien el último día he hecho un comentario de que al comienzo había pocos, pero muy buenos, ingenieros de minas en Asturias. He de añadir, que
No es de extrañar, ya que la Real Compañía Asturiana tenía tres socios fundadores y uno, Nicolas Max Lesoinne era de ese país.
Posteriormente vendrían técnicos de otros países, que diseñaron y realizaron las difíciles obras de infraestructura necesarias e imprescindibles para que
Aquí ya teníamos al Gran Guillermo Schulz, que con el Conde de Mieres impulsaron la creación de
Es por tanto una suerte que a mediados del siglo XIX se pusiera en marcha esta escuela de facultativos de minas en Mieres, pasando por dicha escuela de profesores los mejores ingenieros que tuvieron importancia en el resurgir minero de ese siglo en España.
Pronto las primeras promociones salidas de esta escuela se pusieron al frente en el desarrollo de la actividad industrial asturiana en todos los campos.
De alguno de ellos, por su importancia en los avances en la iluminación minera, me ocupo en Luces en las minas de Asturias: Lámparas de seguridad.
jueves, 7 de enero de 2010
PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LUCES EN LAS MINAS DE ASTURIAS: CANDILES DE SAPO” por LUIS JESÚS LLANEZA (2)
Desde el comienzo del mundo la contraposición entre día y noche determinan de manera fundamental el devenir humano. La mina es el exponente más adecuado de la noche eterna, de la noche sin final; por ello la importancia de la lámpara para el trabajo de los mineros, al objeto de poder combatir la oscuridad de los subterráneos, único modo de poder ejecutar su trabajo. Vilela accede al mundo minero a través de la luz, oposición a la oscuridad, en la concienciación y convencimiento de la importancia, en la historia de la humanidad, que han tenido los diversos medios que han servido para resolver tan importante problema.
El coleccionismo, como aproximación a un cuerpo determinado, induce al conocimiento del mismo, promueve el interés por conocer en profundidad las características y variedades del objeto coleccionado. Y este axioma se cumple, sin duda, en nuestro autor. Es, en súmmun, el afán coleccionista (colector) el que impelerá a Vilela hacia la pasión intelectiva, al conocimiento científico, al interés por saber y ordenar el rico venero, diverso, complejo y prolijo, que se presenta ante sus ojos. Y es, también, la pasión etnográfica (rescoldo de sus primigenias preocupaciones) la que se manifiesta en la identificación y ordenamiento histórico de los diferentes tipos de lámparas utilizadas en las minas, así como las variantes comerciales y las características de la propia región. El coleccionista se transforma en investigador, en estudiso paciente que recorre Asturias no solo colectando nuevas “luces” que añadir a su importante colección, si no que también recogiendo fuentes documentales que permiten el incremento de su acerbo técnico sobre la materia a estudiar. Consecuencia de la anterior mutación será el peregrinaje por bibliotecas, museos y archivos de la región, a la par que el establecimiento de numerosas relaciones con personas interesadas en la temática y conversaciones con especialistas y técnicos en el tema. El resultado, obviamente, es su conversión en un reputado experto en lamparería minera.
Voy a permitirme realizar un exordio que me parece obligatoriamente necesario. En su deambular, Vilela accede al Archivo histórico de
Pero no nos apartemos del objetivo que hoy nos trae aquí.
Sigue…
miércoles, 7 de octubre de 2009
PUBLICADO AYER EN EL DIARIO "LA NUEVA ESPAÑA"
No me resisto a dejar sin publicar en el día de hoy en el blog, por considerarlo interesante, todo lo que en el día de ayer apareció publicado, al menos en la edición digital que ha sido la que he tenido acceso, dos páginas con imágenes y textos sobre mi libro: Avilés: Carbón y Veleros escritas por Ángel Fidalgo.
Por otra parte, considero también necesario publicar, pues sería una falta de consideración hacia aquellos lectores del blog hacer lo contrario, la crónica que inicié en el aeropuerto Charles de Gaulle, en París y continué redactando durante todo el trayecto, por lo que la misma fue al menos extensa y espero que interesante para mis lectores.
He decidido por este motivo, cuando sea necesario como hoy, publicar por un lado lo que no se debe retrasar y por otro continuar con la serie sobre la feria de lámparas en Francia.
Por ello he de pedir disculpas por los extensos escritos que aparecerán.
Cordiales saludos.
Carbón en la bodega, viento en las velas
El libro «Avilés: carbón y veleros», de Alberto Vilela, relata parte de la historia portuaria a través de las cartas de la Real Compañía Asturiana de Minas
|
|
|
Castillete de las minas de Arnao, con Salinas al fondo. «Avilés: carbón y veleros»
MULTIMEDIA
NOTICIAS RELACIONADAS
El velero francés «Cid» realizó el primer embarque, el 26 de mayo de 1835 . Nueva Quintana
Oviedo, Ángel FIDALGO
«Avilés: carbón y veleros» es el título de un libro singular, fruto de una amplia y detallada tarea de investigación del profesor Alberto Vilela Campo, que desvela esta parte de la historia portuaria de
Este trabajo le llevó a leer aproximadamente 4.000 cartas que envió
El autor lleva más de seis años estudiando los archivos de Arnao. A este libro, se sumarán otros dos: «Las Reales Fábricas de Sargadelos y
Pero nuestra historia, «Avilés, carbón y veleros», termina cuando
Mientras ocurre esta transformación que marcaría un antes y un después en la historia de la empresa, los veleros que antes salían cargados de carbón cambian de ruta y traerán arcilla de Sargadelos para fabricar ladrillos refractarios para los hornos de la nueva fábrica, y otros previamente hechos en Sargadelos.
La factoría implicó también la construcción de la línea de ferrocarril desde Arnao a la dársena San Juan de Nieva. En sus muelles los veleros iniciarán un nuevo tráfico portuario al embarcar lingotes, planchas de zinc, y también el carbón será llevado hasta los puertos cántabros de Requejada y Comillas para la calcinación del mineral antes de traerlo de nuevo hasta San Juan de Nieva.
El carbón de las minas de Arnao y de Santa María del Mar llegaba hasta los muelles de San Juan de Nieva en grandes gabarras, cuando el estado de la mar lo permitía, y por tierra cuando había temporal; cosa muy frecuente en el Cantábrico durante los meses de invierno,
«Esta costa es tan peligrosa en tiempo de invierno que estaremos cuatro o cinco meses anualmente sin vender carbón (...) La mala barra de Arnao es uno de los obstáculos mayores que se ofrecen en estas minas», escribió el director de la explotación, Armando Nagel.
El velero francés «Cid» realizó el primer embarque, el 26 de mayo de 1835
El velero francés «Cid» realizó el primer embarque, el 26 de mayo de 1835
En el archivo histórico de Asturiana de Zinc se encuentra lo que puede ser el primer documento de embarque de carbón de
Este buque se hizo a la vela el día 10 de junio desde el fondeadero de San Juan de Nieva con destino al puerto de Adra (Almería), con un cargamento de 2.620 quintales para el primer cliente importante de la explotación asturiana, SS. Scholtz Hermanos, que gerenciaban una fundición de plomo en San Andrés, localidad próxima a este puerto andaluz.
No fue casual que el primer transporte lo hiciera un velero francés, como ocurriría frecuentemente desde entonces, ya que estos buques tenían asegurado cargamento para el regreso desde el puerto almeriense, donde embarcaban plomo para los puertos franceses del canal de
Años más tarde, un descenso en las exportaciones de plomo y la plaga de filoxera, que afectó a las cepas repartidas por toda España, desde
En otras de las rutas, el autor concede una importancia especial a la llegada a San Juan de Nieva del bergantín-goleta «Español», mandado por el capitán Eugenio Cantón, que embarcó 929 quintales castellanos en febrero de 1836 para el almacén que tenía el Gobierno para aprovisionar los barcos de vapor de Santander.
Leoncio Zaldúa será el encargado de los fletamentos de los buques que transportaban el carbón para Vapores de
Otros veleros, en esta ocasión de menor porte, también llamaron la atención de Alberto Vilela. Éste es el caso del quechemarín «Numantino», al mando de Ramón Obaño, que el 19 de junio de 1935 embarcó 1.160 quintales para el puerto de Santander.
En ese mismo año también están registradas las entradas de los también quechemarines «Rada», «Caridad» y «San José», para cargar carbón para el puerto cántabro.
De la intensidad de este tráfico marino dan también ejemplo los veleros que al año siguiente continuaron embarcando carbón en la misa ruta: los quechemarines «El Americano» y «Flor de Vigo», y el bergantín «Campeador».
La demanda de fletes llegó a plantear un serio problema de transporte, dado que la flota asturiana era insuficiente para atenderlo, y precisamente en un momento en el que la mina se encuentra en su mejor rendimiento de explotación.
El gran desarrollo que estaba adquiriendo la metalurgia de plomo obligaba a los compradores del Sur a contratar barcos de bandera francesa en los puertos de Rouen, Nantes y Marsella. En esa época los grandes veleros españoles se dedicaban en su mayoría a cubrir las rutas comerciales con los puertos de las colonias americanas.
Así fue como se hicieron en Avilés famosos los veleros «Le Vayllant», «
Pero cada barco necesitaba otras cargas para rentabilizar su explotación, lo que hizo que cada vez fuera más difícil contratarlos.
Las condiciones que ponían en muchos casos eran imposibles de cumplir. El director de la explotación minera, Armando Nagel, escribía en una de sus cartas a uno de los responsables de la fábrica de plomo de Adra: «Decidme si tu buque podrá contar en ese puerto con un cargo de plomo o de otros artículos y cuál será su destino, porque sabe usted que los barcos franceses, sin tales condiciones, no vienen a tomar carbón».
Para compensar el descenso de estos fletes la empresa minera asturiana buscó nuevos compradores en Cádiz, Valencia y Barcelona, donde había mucha demanda de carbón para el consumo de los vapores que navegaban por el Mediterráneo. El primer velero que salió para Cádiz fue el «Amable Teresa», el 27 de junio de 1837.
Después llegarían otros puertos, como
jueves, 23 de octubre de 2008
JOSÉ MARÍA DE FERRER EN MADRID
Recojo un fragmento del libro Avilés: Carbón y Veleros. A través de la correspondencia de la Real Compañía Asturiana de Minas, que puede dar muestra de lo señalado anteriormente:
Debo aclarar a V.E. el significado de nuestro Valey nuevo: Desde 1839 quedó agotada la mina beneficiada por mi antecesor, en cuyas labores existían varias galerías descendentes y principales que llamamos valíos. Para remediar la falta de dicha mina…
Toda la información específica enviada a cada uno de ellos es puesta de manifiesto en este libro.
viernes, 26 de septiembre de 2008
EL INGENIERO BELGA ADOLFO LESOINNE
Los primeros cinco ejemplares del libro: Avilés Carbón y Veleros. A través de la correspondencia de la Real Compañía Asturiana de Minas.Estoy muy satisfecho con el resultado final del libro, y espero conocer la opinión sobre el mismo de alguno de los lectores de este blog.
Tal como estaba previsto, a partir de la próxima semana, me entregarán más ejemplares de este libro en DIN A-4 con 260 páginas.
Por cortesía, he de entregar en primer lugar un ejemplar a cada uno de los patrocinadores me han permitido su publicación.
Posteriormente, me ocuparé personalmente de la distribución, sin tener ni idea cómo he de hacerlo en el momento de escribir estas líneas.
Lo que tengo muy claro, es que haré una reserva de un determinado número de ejemplares de mi libro, a quienes a través de este blog lo deseen adquirir, con un descuento del 15 % de su precio, que es de 26 euros.
miércoles, 20 de agosto de 2008
LAS MINAS DE SANTO FIRME EXPORTABAN EL CARBÓN POR AVILÉS
Candil de sapo.Tanto por la proximidad a las minas de Arnao, como por el interés que siempre mostraron por ellas los directores de la Real Compañía Asturiana de Minas, fue necesario recoger mucha información de estas minas.
A modo de ejemplo se puede leer:
Quedo enterado de lo demás que se sirve V. manifestarme y es de sentir como indica que esa Empresa no se hubiera hecho de las minas de Santo Firme, tanto para cortar una competencia en el mismo puerto como para tener toda especie de combustibles y asegurar el combustible por un tiempo ilimitado para cualquier Establecimiento metalúrgico…
Estas minas disponían de almacén el San Juan desde donde lo exportaban. En alguna ocasión incluso llegaron a cargar algunos veleros parte de su carga con carbón de estas minas y el resto con carbón de la Real Compañía Asturiana de Minas.
Es recomendable leer mi libro Avilés: Carbón y veleros para saber también la evolución de estas minas de Avilés.
lunes, 16 de junio de 2008
AVANCES TÉCNICOS EN LAS MINAS DE ARNAO
Las minas de la Real Compañía Asturiana, desde su fundación en 1833, estuvieron en vanguardia y fueron un referente para el resto de las explotaciones mineras asturianas por las medidas innovadoras y la introducción de los avances técnicos en los métodos de laboreo.
En esta época las minas que se explotaban en Asturias eran las llamadas minas de paysanos, que abandonaban cuando los problemas técnicos surgían.
A Arnao, estos avances técnicos venían, generalmente, de la mano de Adolfo Lesoinne.
Una muestra de lo señalado se puede apreciar en el siguiente texto:
Si vienen a tiempo los carriles de hierro y las máquinas encargadas al Sr. Lesoinne, tanto tiempo hace de lo contrario, nos veremos reducidos a la mezquina producción de los años anteriores, a sufrir perjuicios de trascendencia...
Las herramientas necesarias encontraban a veces problemas burocráticos a su llegada a Asturias que retrasaban su puesta en funcionamiento. De todos estos detalles me ocupo en mi libro: Avilés: Carbón y Veleros.
jueves, 22 de mayo de 2008
SANTA BÁRBARA
Diario del Ingeniero Saenz de Santa María en 1914-1915.Siempre he oído decir que nos acodamos de Santa Bárbara cuando truena. No se sabe con certeza el momento en que fue considerada en Asturias patrona de los mineros. Es posible que esta devoción viniese de Europa.
Mi opinión personal es que también llegó esta antigua tradición minera, de igual forma que llegaron los avances técnicos empleados en las minas europeas a Asturias través de los ingenieros belgas muy relacionados con la Escuela de Lieja, como es el caso de Adolfo Lesoinne, profesor en dicha escuela y otros como Armando Nagel, Adolfo Desoignie que llegaron a dirigir las minas de Arnao. Posteriormente llegaría Jules Hauzeur también belga.
No sabemos tampoco desde cuando empezó a celebrarse la tradicional procesión todos los años el día 4 de diciembre, día en que los mineros con sus lámparas de seguridad encendidas la acompañaban en pintoresca procesión.
El más antiguo documento que conozco en que se nombra a Santa Bárbara como patrona de los mineros de una mina asturiana aparece publicado en mi libro Luces en las minas de Asturias. Pág. 194. Es un escrito de Adriano Paillette, que estaba al frente de la Fábrica de Mieres a Jules Hauzeur, director de la Real Compañía Asturiana de Minas en el año 1853.
De la importancia de esta fiesta para los mineros asturianos podemos deducirla de testimonios como por ejemplo el que señala en su diario el Ingeniero J. Sainz de Santa María en la mina Sotón de la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera en 1914-1915:
Días 4, 5 y 6 no se trabaja con motivo de la festividad de Santa Bárbara.
lunes, 28 de abril de 2008
LAS ASENTADILLAS DE LAS MINAS DE ARNAO

Fragmento de un mural en las instalaciones de Arnao.
Yo no he sido minero. Cuando leí por primera vez este término asentadillas, tomé nota del mismo y seguí en mi afán de búsqueda de todo lo que tuviese que ver con la iluminación.
Pregunté a amigos mineros en diferentes categorías y ninguno había oído hablar de tal término; ni dentro, ni fuera de la mina.
En el Diccionario de César Rubín tampoco había nada sobre asentadillas.
Volvió a quedar anotado en la página de los asuntos pendientes.
Cuando volví a retomar la lectura de las cartas para el libro Las Reales Fábricas de Sargadelos y la Real Compañía Asturiana de Minas. A través de la correspondencia, surgió de nuevo la necesidad de saber que era concretamente este término.
Las asentadillas de hierro fundidas en los hornos de Sargadelos empezaron a preocuparme. No encontraba respuesta, solamente que llevaban agujeros en los extremos. Teniendo en cuenta quienes intervenían en su compra-venta, ni más ni menos, que Ana Ibáñez, Armando Nagel y Guillermo Schulz que hacía de intermediario, era motivo más que suficiente para volcarme en averiguar algo sobre ellas.
En Sargadelos tampoco me pudieron decir nada.
Como me ocurre alguna vez, cuando no lo buscaba, aparece en una esquinita de un documento una explicación mediante un pequeño boceto a uno de los dueños de la Real Compañía Asturiana de Minas. Era la respuesta que buscaba. Con el esquema y diseño de estas piezas, fue fácil averiguar que la misión de las asentadillas era fijar los caminos de hierro a las traviesas de madera en el interior de las minas.
Por último, aprovecho para hacer notar que estamos ante una de las mayores innovaciones tecnológicas de la época. El empleo del ferrocarril en las labores mineras en 1837 en la mina Arnao es un avance muy considerable en el devenir industrial y minero de España.
miércoles, 23 de abril de 2008
A GUILLERMO SCHULZ LE REQUISARON EL CABALLO Y A DURO FELGUERA LAS LÁMPARAS DE MINA (I)
A mediados del siglo XIX, en Asturias eran más fáciles las comunicaciones por mar que por tierra cuando en mar Cantábrico no se ponía furioso, aunque para quienes lo conocemos sabemos cómo se las gasta.
Por otro lado, salvar la cordillera que nos separa de la Meseta era imposible en determinadas épocas del año y comunicarse por la Cornisa Cantábrica por vía terrestre era muy difícil.
Por ambos motivos, cuando empezaron las Guerras carlistas, los movimientos de tropas no fueron importantes en la zona central asturiana. Los acontecimientos tuvieron lugar en sitios próximos al País Vasco.
Guillermo Schulz, el gran Schulz que hizo tanto por la minería asturiana, era el Inspector de Minas de Asturias y Galicia en esta época, tenía una correspondencia frecuente con los directores de la Real Compañía Asturiana de Minas, primero Armando Nagel y después Adolfo Desoignie, pues mensualmente tenía que enviar una papeleta de autorización para poder sacar del polvorín de Oviedo la pólvora para arrancar el carbón mediante voladuras en las minas de Arnao, Santa María del Mar o San Juan.
En junio de 1837 Schulz escribió a Armando Nagel:
“Mi caballo salió ayer para Lugo con motivo de la requisa: no se si me lo quitarán.
El caballo requisado a Schulz no se sabe si le fue devuelto, parece que no por el anuncio que hizo a Nagel de que necesitaba el dinero pagado en Sargadelos por las asentadillas de las minas:
…porque habiendo sido requisado mi caballo me veré en la necesidad de comprar otro en esas cercanías, sea de los de V. o de otro amigo en Gijón, Mieres. etc. Puesto que por aquí no hay caballo de toda mi satisfacción, porque yo lo necesito robusto y decente”.
Fragmento de mi libro: Las Reales Fábricas de Sargadelos y la Real Compañía Asturiana de Minas. A través de la correspondencia. (Inédito)
miércoles, 2 de abril de 2008
AVILÉS: CARBÓN Y VELEROS (II). TENGO EL CORAZÓN PARTIDO Y UNA ASIGNATURA PENDIENTE
Vista de la mina de Arnao en la actualidad.La lectura de las cartas en busca de útiles empleados en la iluminación de las minas de la Real Compañía de Minas de Arnao, es decir, los candiles de sapo, al principio resultaba un poco tediosa y aburrida, pues, la mayoría de ellas, poco o nada aportaban a mis pretensiones iniciales.
Además, muchas tenían una caligrafía muy mala y, por tanto eran de difícil comprensión. Como su contenido no se ajustaba a lo que buscaba, tampoco me preocupaba en exceso por dicha dificultad. Se me ocurrió, para soportar la lectura iniciada, ir tomando nota de los veleros, los capitanes y el destino del carbón que iba saliendo exportado desde el embarcadero de San Juan. De los primeros años apenas hay cartas, por lo que no tardé en llegar y leer las escritas en el año 1836.
Pronto empezaron en 1837 a aparecer cartas dirigidas a Guillermo Schulz desde la gerencia de Arnao y otros escritos de Armando Nagel a Ferrer, Riera, Lesoinne padre e hijo, Scholtz, Guerrero, Heredia, Rein, Mateo Alvargonzález, posteriormente Elorza… Lugares como Adra, Sargadelos, Cádiz, Sevilla, Málaga,… Términos mineros desconocidos como asentadillas, valey,… Empresas como Compañía Peninsular de Vapores, Vapores de la Marina Española de la Costa de Cantabria, Ferrerías de la Concepción y La Constancia, Fábrica de vidrios de La Coruña, Fábricas de Sargadelos, Fabrica de vidrio de Avilés, Caleros de San Sebastián…
Estaba claro que tenía en mis manos documentos de suma importancia en el devenir minero e industrial de Asturias, desconocidos e inéditos en su mayoría.
Era preciso retomar de nuevo el tema y darle un nuevo enfoque. No bastaba con encontrar los candiles de sapo y detalles sobre ellos, tampoco era suficiente conocer el nombre de los barcos, capitanes y cantidad de carbón embarcado. Era preciso unir el mundo de la mina y la mar, empresa difícil pero que merecía la pena intentar.
Mientras terminaba por un lado dando forma al segundo tomo sobre iluminación minera Luces en las minas de Asturias: Candiles de sapo, empecé a escribir el tercero por el que trabajo en estos momentos: Luces en las Minas de Asturias: Lámparas de seguridad.
Y por otro lado, de ahí mi corazón partido, he realizado una trilogía de trabajos relacionados con Arnao. Dos de ellos ya finalizados y próximos a publicarse: Avilés carbón y veleros. A través de la correspondencia de la Real Compañía Asturiana de Minas y Las Reales Fábricas de Sargadelos y la Real Compañía Asturiana de Minas a través de la correspondencia y un tercero por el que continúo trabajando: Carbón de Arnao para Adra, Cádiz, Málaga y Sevilla. A través de la correspondencia de la Real Compañía Asturiana de Minas.
Pero me queda una asignatura pendiente. Es un trabajo también finalizado. Es la biografía del ilustre asturiano Gumersindo Junquera Blanco, al que mañana dedicaré unas líneas .











